febrero 4, 2021

Nicholas Carr: “Nos estamos volviendo menos inteligentes, más cerrados de mente e intelectualmente limitados por la tecnología”

Tomado BBC

Hace un par de lustros, un escritor estadounidense se atrevió a lanzar al aire una pregunta retórica que muchos tildaron de exageración: “¿Nos está volviendo Google más estúpidos?”.

Poco después, ese mismo autor, Nicholas Carr, publicó un superventas del New York Times, finalista del Pullitzer y traducido a 25 idiomas, que le reafirmó como el principal crítico de internet en ese momento:The shallows: what the Internet is doing to our brains(“Superficiales: lo que internet está haciendo con nuestras mentes”).

Los hipervínculos no nos permiten concentrarnos, dijo entonces Carr. Hoy traslada su teoría a los celulares que, asegura, debilitan nuestra forma de pensar incluso cuando están apagados.

“Por desgracia, mis predicciones sobre internet se han cumplido y son incluso peores de lo que esperaba”, le dice a BBC Mundo.

Han pasado 10 años desde que describiste enThe shallows: what the Internet is doing to our brains (“Superficiales: lo que internet está haciendo con nuestras mentes”) los efectos perjudiciales que tendría internet en nuestra capacidad de concentración, memoria y procesamiento de la información. ¿Esperabas que el tiempo te diera la razón?

La verdad es que cuando escribí el libro no se habían hecho tantas investigaciones como ahora sobre la influencia de internet en nuestra manera de pensar.

Mi sensación —por mi propia experiencia y por las de otras personas con las que hablé, además de los estudios que se estaban realizado entonces— era que internet iba a suponer un gran cambio en la manera en que pensamos y leemos, pero tenía dudas sobre si estaba dándole demasiada importancia a esa tendencia.

Lamentablemente, los estudios que se han publicado en los últimos años respaldan lo que predije.

De hecho, los efectos adversos de la tecnología en nuestra capacidad mental son incluso mayores de lo que yo me esperaba.

En estos 10 años he analizado interesantes y a la vez aterradoras investigaciones que muestran que, cuando tenemos cerca el teléfono (incluso aunque esté apagado), nuestra capacidad para resolver problemas, concentrarnos e incluso tener conversaciones profundas disminuye.

Nos volvemos tan absortos con la información que nos ofrece el celular que hasta cuando no lo usamos estamos pensando en hacerlo.

El uso de esta tecnología tiene grandes repercusiones mentales porque que nos roba nuestra atención, y eso hace que pensemos más deficientemente.

¿Cuáles son para ti los cambios más preocupantes en nuestra forma de pensar y de procesar información que se derivan del uso de las nuevas tecnologías?

Sabemos que el cerebro humano se adapta a su entorno; nuestra mente se vuelve muy buena en los modos de pensar que practicamos mucho, pero si no los practicamos comienza a perder esa habilidad.

En términos generales, internet nos brinda información de una manera que debilita nuestra capacidad para prestar atención.

Obtenemos una enorme cantidad de información cuando navegamos por internet o cuando usamos el celular, pero nos llega de manera muy fragmentada; muchos pedacitos de información multimedia (sonidos, fotos, imágenes en movimiento, textos) que compiten entre sí, solapándose mutuamente.

A eso hay que sumar las muchísimas interrupciones de las alertas y notificaciones, y el hecho de que sabemos que siempre hay nueva información disponible.

Hemos aprendido a estar constantemente estimulados para recabar pedacitos de información todo el tiempo, pero no nos sentimos estimulados para tomarnos las cosas con calma, para concentrarnos, para estar enfocados en algo, para prestar

¿Por qué te parece grave esa falta en nuestra capacidad de prestar atención?

Las formas más elevadas de pensamiento —la contemplación, la reflexión, la introspección, incluso la respiración profunda— requieren que prestemos atención, que eliminemos las distracciones y las interrupciones.

Sin embargo, la tecnología de internet hace exactamente lo opuesto: nos interrumpe y nos distrae constantemente.

Como consecuencia, estamos perdiendo nuestra capacidad de implicarnos en las formas más elevadas de pensamiento que tenemos disponibles los seres humanos.

Quienes critican la llamada “economía de la atención” o el “capitalismo de vigilancia”que permite a las empresas ganar dinero consiguiendo nuestra atención, ofrecen argumentos similares. Me viene a la cabeza el documental de Netflix “El dilema de las redes sociales”. ¿Crees que ahora nos preocupa más que las nuevas tecnologías nos hagan más vulnerables, que tal vez somos más conscientes de ello?

¡Sin duda! Y creo eso es algo muy positivo.

Hace 10 años, cuando escribí The Shallows, todavía estábamos muy entusiasmados con internet, con nuestros nuevos smartphones, con Facebook y Twitter. Nos fascinaba la cantidad de información que obteníamos todo el tiempo.

Yo no fui el único en suscitar preocupaciones pero, sin duda, cuando el libro se publicó hubo muchas críticas y cuestionamientos hacia mis argumentos.

Desde entonces nos hemos vuelto, tanto como individuos como sociedades, mucho más conscientes de que esta tecnología está cambiando cómo pensamos y de que está haciendo que nos resulte mucho más difícil concentrarnos.

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