El «Deepfake» de 1865: Cómo el retrato más icónico de Lincoln resultó ser una falsificación
En una era dominada por la inteligencia artificial y la desconfianza digital, resulta tentador pensar que la manipulación de la imagen es un mal moderno. Sin embargo, la historia revela que la «inocencia de la fotografía» se perdió hace más de un siglo, y el caso más emblemático involucra al propio Abraham Lincoln.
Un cuerpo prestado para un héroe
Una de las imágenes más reconocidas del 16.º presidente de los Estados Unidos —aquella que proyecta una figura heroica y solemne— es, en realidad, un complejo montaje técnico. Según expertos como el Dr. Hany Farid, de la Universidad de California, Berkeley, el retrato es una composición: la cabeza de Lincoln fue «cosida» al cuerpo de un grabado de 1852 que pertenecía a John Calhoun, un político sureño y férreo defensor de la esclavitud.
La ironía es histórica: el cuerpo del hombre que defendió las cadenas fue utilizado para dar prestancia al hombre que las rompió.
«Se dice que esto se hizo porque no existía ningún retrato de Lincoln con un estilo suficientemente ‘heroico'», explica el Dr. Farid.
La técnica detrás del engaño
El proceso, rudimentario pero efectivo para la época, se realizó alrededor de 1865:
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La base: Se utilizó un grabado de Alexander Ritchie (1852) que mostraba a Calhoun en una postura de estadista.
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El injerto: Se tomó la cabeza de Lincoln de una fotografía capturada en 1864 por Anthony Berger, en el famoso estudio de Mathew Brady.
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El retoque: La imagen de la cabeza fue volteada y ajustada para encajar con la perspectiva del cuerpo de Calhoun.
Mathew Brady: El pionero del retoque
Aunque Lincoln bromeaba a menudo sobre su apariencia —llegando a decir que si tuviera otra cara no usaría la suya—, era consciente del poder de la imagen. Harold Holzer, autor de The Lincoln Image, señala que el presidente intuía que las representaciones halagadoras eran su «salvación estética».
Esta necesidad fue satisfecha por fotógrafos como Mathew Brady, quien no era ajeno a la manipulación. Durante la Guerra Civil, la demanda de retratos de héroes militares era tan alta que los editores reutilizaban apenas cinco o seis cuerpos grabados para «injertar» cabezas intercambiables de diferentes generales según la región donde se vendieran.
El legado en el bolsillo de todos
La influencia de estas manipulaciones ha sido persistente. La fotografía original de Berger, que sirvió de base para el montaje, fue la misma que inspiró el grabado utilizado en el billete de cinco dólares desde 1914 hasta 2007.
Este antecedente histórico sirve hoy como recordatorio de que la lucha contra la desinformación visual no comenzó con los píxeles, sino con los pinceles y el revelado químico. Como afirma el profesor Farid, la fotografía dejó de ser una prueba irrefutable de la realidad mucho antes de lo que solemos admitir.