Cuba aprueba casi 200 reformas económicas en plena escalada de tensión con EE.UU.
El Parlamento cubano avaló un paquete de 176 medidas para abrir la economía al capital privado y extranjero, mientras Washington califica los cambios de «cortina de humo».
En uno de los momentos más críticos de su historia reciente, la Asamblea Nacional de Cuba aprobó un ambicioso paquete de 176 medidas distribuidas en 23 ejes estratégicos. Las reformas, impulsadas por el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, buscan reanimar una economía asfixiada por la escasez de combustible, el embargo histórico y las recientes sanciones de Estados Unidos, que han colocado a la isla en una situación límite.
“Cuba diseña y propone soberanamente los cambios que urge aplicar para remontar la crisis impuesta por la agresividad externa y las insuficiencias internas, sin más permiso que el de su pueblo”, afirmó Díaz-Canel al cierre de la sesión parlamentaria, convocando a la ciudadanía a «crear, producir y transformar».
Los pilares del nuevo paquete económico
El plan, presentado formalmente por el primer ministro Manuel Marrero Cruz y detallado por el diario oficial Granma, representa una apertura sin precedentes en sectores tradicionalmente controlados por el Estado:
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Apertura privada y comercial: Se facilitará la creación de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), permitiendo a los ciudadanos ser titulares o accionistas de más de una entidad y reduciendo la lista de actividades prohibidas para el sector privado.
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Mercado de combustibles: Se autorizará la participación de capital privado (nacional y extranjero) en la importación y comercialización de combustibles, un sector crítico tras perder a sus principales proveedores.
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Divisas y remesas: Se abrirá un nuevo mercado cambiario que otorgará licencias para la operación de casas de cambio privadas.
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Inversión y turismo: Se permitirá a entidades extranjeras adquirir acciones en empresas estatales, se abrirán zonas turísticas al desarrollo inmobiliario, se licitarán espacios públicos (como acuarios y parques) y se invitará a franquicias internacionales de alimentos ligeros.
El detonante: El cerco energético de Washington
La urgencia de estas reformas coincide con un año de máxima fricción con la Casa Blanca. Tras la captura del derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en un operativo militar estadounidense, Cuba perdió su principal fuente de crudo. Posteriormente, las amenazas de EE.UU. de imponer aranceles a terceros países que suministraran hidrocarburos a la isla cortaron otras vías de suministro.
Esta situación derivó en apagones crónicos y la parálisis parcial de servicios básicos como el transporte, la educación y la salud, un panorama que apenas logró aliviarse parcialmente con la llegada de 100.000 toneladas de crudo ruso.
Los grandes obstáculos para la aplicación de las reformas
A pesar del alcance de los anuncios, analistas y especialistas consultados consideran que el Gobierno cubano enfrentará serias dificultades para que estas medidas tengan un impacto real debido a dos factores principales:
1. Falta de certeza jurídica
Para el analista político José Azel, el paquete de medidas carece del marco legal robusto necesario para atraer inversionistas. «Cuba necesita inversiones extranjeras, capital, y ese capital francamente no va a existir si no existen garantías mucho más fuertes que las que está ofreciendo el Gobierno cubano», señaló a CNN.
2. El factor GAESA y las sanciones de EE.UU.
Cualquier inversión en la isla debe pasar obligatoriamente por el filtro estatal. Washington mantiene bajo estricto bloqueo al Grupo de Administración Empresarial (GAESA), el conglomerado militar que controla los sectores más rentables de la economía cubana. Al estar sancionada, cualquier empresa internacional que haga negocios con GAESA se arriesga a ser penalizada y excluida del sistema financiero estadounidense, lo que ahuyenta a los grandes capitales.
La respuesta de Estados Unidos: «Señales de humo»
Desde Washington, la reacción no se hizo esperar. Un portavoz del Departamento de Estado calificó las reformas de «modestas, largamente esperadas y superficiales», acusando al Ejecutivo cubano de aplicar el «manual de la dictadura»: anunciar cambios simulados para aflojar la presión y revertirlos en cuanto vean amenazado su control político.
Por su parte, la administración del presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, han reafirmado que continuarán con la política de máxima presión económica. Mientras el Gobierno cubano busca desesperadamente que estas reformas funcionen como un balón de oxígeno para su economía, los ciudadanos en la isla siguen atrapados en la incertidumbre de una crisis que parece no tener fin.