Sin luz ni turistas: el ingenio y la resistencia de Viñales en Cuba
El recorrido en bote que realiza Osiris Hernández tras cruzar los pasajes de la Cueva del Indio desemboca en una plazoleta completamente desierta. Con 29 años como guía turístico en esta emblemática atracción de Viñales, Hernández atestigua a diario el impacto del apagón generalizado que vive el país: la paradisíaca cueva, antaño concurrida por visitantes internacionales, se ha quedado sin clientes.
La crisis se agudizó a inicios de año con el endurecimiento de las sanciones de EE. UU., que amenazó con aranceles a los países que suministren hidrocarburos a la isla. La consiguiente falta de combustible paralizó el transporte, la generación eléctrica, el suministro de alimentos y los servicios públicos. En Viñales, donde predomina el turismo agroecológico y de casas de alquiler, la actividad ha caído drásticamente.
Adaptación artesanal y energías renovables
Ante la ausencia de red eléctrica, la vida cotidiana se ha adaptado a métodos tradicionales y soluciones improvisadas:
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Estrategias en el hogar: Familias como la de Osiris cocinan con carbón y leña. Durante las breves horas con servicio, cargan ventiladores de batería (que también sirven como lámparas), muelen el café manualmente y recurren a quinqués de aceite al caer la noche.
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Transformación productiva: En la finca agroecológica El Olivo, Osnel Corrales y su familia pasteurizan leche para yogur utilizando fuego de carbón de leña. La fase posterior de refrigeración y procesamiento depende de un sistema de paneles solares con baterías de almacenamiento, ya que no hay combustible para los generadores. Ante la falta de comensales en su restaurante, distribuyen sus productos hacia La Habana.
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Movilidad alternativa: En las calles de Viñales y La Habana, la escasez de combustible ha disparado el uso de triciclos eléctricos. Muchos conductores han adecuado paneles solares en los techos de sus vehículos para recargar las baterías mientras circulan durante el día.
Un sistema eléctrico en déficit crítico
Los apagones no tienen una solución inmediata en el horizonte. Según datos de la Unión Eléctrica de Cuba (UNE), el déficit energético supera habitualmente el 60 % de la demanda nacional durante las horas de mayor consumo, permitiendo cubrir solo una tercera parte de las necesidades del país.
El director de la UNE, Rubén Campos Olmos, atribuye el deterioro del sistema a décadas de sanciones económicas que impidieron la inversión y el mantenimiento oportuno de las plantas termoeléctricas, muchas de las cuales superan los 50 años de explotación. A esto se suma el cese en la llegada de petróleo desde socios clave como Venezuela, México y Rusia.
Como alternativa de contingencia, el gobierno cubano impulsa el uso de energías renovables. Con el respaldo de China, la matriz limpia pasó de representar un 3 % en 2024 a un 10 % de la generación eléctrica total, con la meta estatal de alcanzar el 30 % para el año 2030. Mientras tanto, los habitantes de la isla continúan enfrentando la rutina diaria a fuerza de adaptabilidad e iniciativa propia.