Desafío nacional: Reducir la pobreza más allá de los subsidios
En el marco de la conmemoración del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, este sábado 17 de octubre, Panamá analiza sus avances y desafíos estructurales en la lucha contra la vulnerabilidad social. Aunque los más recientes informes estadísticos muestran un descenso paulatino en los índices de pobreza general y multidimensional, los marcados contrastes territoriales —especialmente entre los centros urbanos y las zonas rurales e indígenas— continúan siendo la principal asignatura pendiente para el desarrollo equitativo del país.
Panorama estadístico actual
Según el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) elaborado por el Gobierno Nacional y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la pobreza multidimensional en Panamá registró una reducción al ubicarse en 12.4%, descendiendo desde el 14.7% registrado en mediciones previas.
Esta mejora refleja avances interanuales en la cobertura de ciertos servicios y programas de asistencia social; no obstante, el panorama muestra una doble realidad cuando se desglosan las cifras:
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Desigualdad territorial: Mientras que en la provincia de Panamá y áreas metropolitanas los niveles de pobreza son sustancialmente menores, en las comarcas indígenas (como Ngäbe-Buglé, Guna Yala y Emberá-Wounaan) la pobreza multidimensional y monetaria impacta a más del 60% a 70% de sus habitantes.
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Infancia y Juventud: Reportes del sector social enfatizan que la niñez sigue siendo la población más vulnerable. Se estima que más del 34% de los niños, niñas y adolescentes en el país vive en condiciones de pobreza monetaria, y un 16% subsiste en situación de extrema pobreza.
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Carencias prioritarias: Los indicadores que componen el IPM señalan que las mayores privaciones de la población panameña en situación de pobreza se concentran en el acceso al empleo formal, la precariedad de la vivienda, el saneamiento básico, la calidad de la educación y la conectividad.

El reto del empleo informal y los servicios básicos
El crecimiento económico del país no se ha traducido de manera homogénea en la calidad de vida de todos los sectores. La informalidad laboral —que supera el 47% de la población ocupada— se mantiene como uno de los principales motores de la pobreza monetaria, al privar a miles de familias de ingresos estables y seguridad social.
A ello se suma la crisis del acceso a agua potable continuada y sistemas de alcantarillado en diversos puntos del país, un factor que incide directamente en los indicadores de salud e higiene de las comunidades con menores recursos.

Desafíos para la agenda pública
Las organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales coinciden en que para erradicar la pobreza en Panamá no basta con la entrega de subsidios directos o transferencias monetarias condicionadas. La clave reside en articular políticas públicas de largo plazo enfocadas en:
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Fortalecimiento de la educación: Mejorar la infraestructura escolar y la calidad educativa en áreas de difícil acceso para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza.
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Inversión en infraestructura básica: Garantizar agua potable, sanidad, electrification rural y caminos de penetración.
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Generación de empleo formal: Fomentar el emprendimiento local, la capacitación técnica y la atracción de inversiones fuera de la capital.
Al conmemorarse esta fecha global establecida por la ONU, Panamá reafirma que la erradicación de la pobreza no es solo una meta económica, sino un compromiso ético para garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos y la dignidad de toda su población.
