agosto 21, 2021

Afganistán: la reina Soraya, una de las primeras líderes que impulsó reformas a favor de las mujeres

Las mujeres no deberían usar el velo y los hombres deberían tener una sola esposa. En eso creía firmemente una mujer que llegó a ser reina de Afganistán.

Cuando Amanulá Khan asumió el poder en 1919, su esposa, Soraya Tarzi, atrajo la atención por sus ideas en un país inmerso en costumbres tribales que se remontaban a varios siglos.

Años después, el líder cambiaría su título, ya no sería emir sino padshah, “rey”.

En su reinado, que duró hasta 1929, la pareja se comprometió con la educación para las niñas y las mujeres.

“Yo soy su rey, pero la ministra de Educación es mi esposa, su reina”, dijo en 1926 el monarca, con lo cual dejaba claro el rol de Soraya en el proceso de modernización de la nación.

En 2014, la princesa India, la hija menor de los reyes, evocó en entrevista con la cadena Al Jazeera el legado de su madre.

“Ella abrió la primera escuela para niñas y dio un ejemplo a las otras familias al permitir que sus dos hijas mayores -mis hermanas- asistieran”.

“Los logros de mi madre todavía son muy apreciados por los afganos”.

“La gente recuerda sus discursos incluso ahora, la forma en que animó a las mujeres afganas a ser independientes, a aprender a leer y a escribir”.

Los historiadores coinciden en que la reina Soraya fue una mujer excepcional para su época.

Adquirir conocimiento

Le gustaba estar en contacto directo con las mujeres de su país para hablarles de sus derechos.

En uno de esos discursos, el que ofreció en 1926, durante la conmemoración de la independencia de Afganistán, la reina Soraya abordó el rol histórico de las mujeres:

“(La independencia) nos pertenece a todos y por eso la celebramos. ¿Creen, sin embargo, que nuestra nación desde el principio sólo necesita de hombres para servirla? Las mujeres también deben participar como lo hicieron las mujeres en los primeros años de nuestra nación y del Islam.

“De sus ejemplos tenemos que aprender que todos debemos contribuir al desarrollo de nuestra nación y que esto no se puede hacer sin estar equipadas con conocimiento”.

“Por tanto, todas deberíamos intentar adquirir tanto conocimiento como sea posible, a fin de que podamos prestar nuestros servicios a la sociedad de la misma manera que lo hicieron las mujeres en los inicios del Islam”.

Como lo recordó su hija, gracias a la reina, la primera escuela primaria para niñas, Escuela Masturat, abrió sus puertas en Kabul en 1921.

Vendrían más centros educativos y en 1928, se tomó una medida “provocadora”, como lo evocaron Jonathan Gornall y Sayed Salahuddin, en el artículo Queen Soraya of Afghanistan: A woman ahead of her time (“Reina Soraya de Afganistán: una mujer adelantada a su tiempo”), de Arab News.

“15 estudiantes de la escuela secundaria Masturat, todas hijas de familias prominentes de Kabul, fueron enviadas a Turquía para continuar con su educación”.

Y es que “enviar a jóvenes solteras fuera del país fue visto con alarma en muchos círculos”, escribió la académica Shireen Khan Burki, en el libro “Land of the Unconquerable: The Lives of Contemporary Afghan Women” (“La tierra de lo inconquistable: la vida de las mujeres afganas contemporáneas”).

Se percibió “como una señal más de que el Estado, en sus esfuerzos por occidentalizarse, estaba dispuesto a presionar contra las normas sociales y culturales”.

Las políticas de género que los reyes impulsaban, reflexionó la autora, estaban “totalmente divorciadas de la realidad social” de Afganistán.

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