julio 18, 2021

Bushido: el libro que cambió la imagen de Japón en el mundo

The Last Samurai (El último samurái), una gran epopeya de Hollywood, cuenta la historia de Katsumoto, un samurái rebelde que dedica su vida a luchar contra las fuerzas que cree que están corrompiendo los valores tradicionales de Japón.

Como se ve a través de los ojos del capitán del ejército de Estados Unidos Nathan Algren (que es contratado por el Ejército Imperial de Japón para ayudar a luchar contra los rebeldes, pero es sometido a cautiverio por ellos), Katsumoto y su grupo de samuráis rebeldes personifican al guerrero honorable: intrépido, entregado a su deber, trabajador y disciplinado, pero también educado y benevolente con su cautivo.

Después de atestiguar la nobleza de los samuráis, Algren cambia de alianza para ayudar a Katsumoto en su fatídica misión.

Desde los éxitos de taquilla de Hollywood hasta los dramas de televisión japoneses, el samurái ha sido retratado a lo largo de los años como un modelo de excelencia física y rectitud moral, para quien el honor y la lealtad son más valiosos que la vida misma.

Esta imagen del samurái, aunque no es históricamente precisa, está muy arraigada en el imaginario popular debido en gran parte a un pequeño libro escrito en inglés por Inazo Nitobe, a principios del siglo XX.

“Bushido: El alma de Japón”, que se publicó por primera vez en 1900 y se convirtió en un bestseller internacional en su momento, acaba de ser republicado como parte de la serie Great Ideas de la editorial Penguin.

Aunque es uno de los innumerables libros escritos sobre bushido (“el camino del guerrero”), el libro de Nitobe sigue siendo la fuente más influyente para quienes buscan comprender un sistema de valores que continúa impregnando muchas facetas de la sociedad japonesa actual.

Ser bueno

A través de su libro, Nitobe, un economista de la rama agrícola, educador, diplomático y cuáquero convertido, que fue subsecretario general de la Liga de las Naciones entre 1919 y 1929, trató de explicar a los occidentales (incluida su esposa cuáquera estadounidense, Mary) los valores morales que sustentan la cultura japonesa.

Nitobe atribuyó esos valores al bushido, que definió como el código de principios morales del samurái.

Bushido, según el autor, instruyó al samurái a tener un fuerte sentido de la integridad y del coraje para ejecutar esa justicia. Predicaba la benevolencia y la cortesía, la veracidad, el honor y la lealtad a una autoridad superior.

El sentido del honor, que implica una vívida conciencia de la dignidad y el valor personal, no podía dejar de caracterizar al samurái…”, escribió Nitobe.

La realidad era algo diferente y los historiadores han criticado la descripción de Nitobe del samurái y la han calificado como muy romantizada.

“Los samuráis y los daimyo (señores feudales) no vivían realmente una vida de honor y lealtad”, dice Sven Saaler, profesor de historia japonesa moderna en la Universidad Sophia de Tokio. “Si surgiera la oportunidad, también matarían a su maestro y tomarían su puesto”

El contexto

En su obra fundamental, Nitobe, que provenía de una familia de samuráis, también afirmó que los valores de los samuráis eran compartidos por todos en Japón: “(El) espíritu del bushido impregnó todas las clases sociales”, escribió.

Contrariamente a lo que afirmaba Nitobe, en el período Edo (1603-1868), los samuráis fueron vilipendiados por abusar de sus privilegios en una época en que sus habilidades marciales se habían vuelto obsoletas debido a dos siglos de estabilidad social.

Sin embargo, el objetivo de Nitobe al escribir su libro no era proporcionar un relato históricamente preciso sobre los samuráis, sino mostrarle al mundo que Japón tenía un sistema de valores similar a los de la moral cristiana.

Nitobe hizo constantes referencias a la filosofía y la literatura europeas y comparó el bushido con la gallardía de los caballeros europeos.

“La caballería es una flor, no menos autóctona de la tierra de Japón que su emblema, la flor de cerezo”, escribió Nitobe.

Según Saaler, Nitobe buscó contrarrestar el racismo y los temores en Occidente frente al “peligro amarillo” dando forma a la imagen del samurái y, por extensión, de los japoneses, no solo como valientes sino también como caballerosos.

Solo cuatro años antes de la publicación de su libro, Japón había salido victorioso en su guerra contra China de 1894 a 1895. Ese éxito militar, que asombró a las potencias occidentales de la época, fue seguido rápidamente por la victoria de Japón en la Guerra ruso-japonesa de 1904 y 1905.

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