mayo 7, 2021

Cómo perdí más de US$150.000 en un sitio online de citas

Cuando Rachel Elwell fue contactada por un hombre en un sitio de citas en enero pasado, decidió aceptar su invitación virtual.

“Su foto era linda”, recuerda. “Parecía que le gustaban las mismas cosas que a mí y sonaba como una persona abierta y genuina”, le contó a la BBC.

Pero lo que inició como un intercambio prometedor terminó siendo una pesadilla para esta británica de 50 años.

Dos meses y medio más tarde, Rachel terminaría al borde de la bancarrota, después de haberle dado más de US$157.000 de su dinero a este hombre, a quien nunca llegó a conocer en persona.

Lo que le pasó a esta gerenta de exportaciones que vive en Brownhills, en el centro de Reino Unido, puede sonar disparatado. Pero expertos en seguridad advierten que es mucho más común de lo que se piensa.

Elwell fue víctima de lo que se conoce como fraude romántico o estafa romántica.

Según Action Fraud, el centro nacional de denuncias de fraude de Reino Unido, ocurre cuando delincuentes engañan a las personas para que les envíen dinero, ganándose su confianza y convenciéndolas de que están en una relación genuina.

Este tipo de engaño suele realizarse mediante una forma de estafa conocida en inglés como catfishing (pesca de bagres), que es cuando alguien crea una cuenta o un perfil falso, ya sea en redes sociales o sitios de citas, con la intención de estafar o abusar de alguien.

En 2020, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos informó que “las pérdidas reportadas producto de las denominadas estafas románticas alcanzaron la cifra récord de US$304 millones“.

El ejemplo de Rachel

El caso de Elwell sirve para mostrar cómo una persona bien intencionada puede caer en este tipo de engaños.

La mujer le contó a la BBC que el hombre que la contactó le dijo que vivía en una localidad cercana llamada Cannock, pero que tendrían que esperar unas semanas para reunirse porque él se encontraba en el exterior, realizando un proyecto de ingeniería en Ucrania.

Pero después de un tiempo el hombre la llamó y le dijo que las leyes en ese país habían cambiado debido a la pandemia de covid-19 y que ahora tenía que pagar impuestos antes de poder comenzar el trabajo de ingeniería.

Le dijo que la obra estaba parada hasta que pagara ese dinero, y que había usado los fondos de su pensión, vendido su auto y además había acudido a prestamistas para juntar el monto reclamado.

El hombre incluso produjo una carta —y le envió a Elwell una copia— que supuestamente era del fisco ucraniano, donde le exigían pagar US$160.000.

Todo se veía muy legítimo“, dice la mujer, quien “a regañadientes” aceptó enviarle 45.000 libras (unos US$62.000).

Pero la cosa se puso tensa cuando el hombre la contactó para decirle que dos “matones” enviados por los prestamistas habían aparecido en su casa y lo habían encerrado en el sótano.

Le dijo que los hombres reclamaban el dinero prestado y le envió fotos que supuestamente lo mostraban encerrado.

Elwell decidió mandarle el dinero.

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