Lo que hoy conocemos como el movimiento ambientalista moderno no nació en un laboratorio ni en una cumbre política de alto nivel. Nació en las calles, impulsado por una mezcla de indignación visual y activismo estudiantil. El 22 de abril de 1970, 20 millones de personas en Estados Unidos —el 10% de la población de aquel entonces— transformaron su preocupación por el planeta en una fuerza política imparable.
A más de cinco décadas de aquel hito, la BBC ha conversado con sus protagonistas para entender cómo una jornada de protesta se convirtió en un fenómeno global que hoy moviliza a más de 190 países.
El «despertar» del planeta azul
A finales de los años 60, el contraste era insostenible. Por un lado, la humanidad contemplaba por primera vez las fotografías de la Tierra desde el espacio: un hogar azul, frágil y hermoso. Por otro, desde tierra firme, los estadounidenses veían ríos incendiarse por la contaminación química y sufrían los efectos del devastador derrame de petróleo de Santa Bárbara.
El senador de Wisconsin, Gaylord Nelson, tuvo la visión de canalizar la energía de las protestas contra la guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles hacia la causa ambiental. Sin embargo, el éxito radicó en la descentralización. «Se organizó solo», escribió Nelson años después, destacando que cualquiera era libre de participar a su manera.
«Tomó este conjunto de problemas que ahora llamamos ‘medio ambiente’ y los elevó de forma espectacular en la conciencia pública». — Denis Hayes, organizador del primer Día de la Tierra.
Un camino de poder político
Aunque la narrativa romántica sugiere un cambio inmediato, el camino fue tortuoso. Apenas una semana después del primer Día de la Tierra, la invasión de Camboya y la tragedia de la Universidad de Kent State desviaron la atención pública hacia la guerra.
Pero los activistas no se rindieron. Ese verano, el movimiento demostró su fuerza electoral al lanzar una campaña contra doce congresistas con pésimos historiales ambientales, logrando expulsar a siete de ellos.
El impacto fue sísmico:
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Diciembre de 1970: Creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA).
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Década de los 70: Aprobación de leyes históricas para la limpieza del aire, el agua y la protección de especies diezmadas por pesticidas.
Evolución y desafíos actuales: Del «Rojo» al «Verde»
El Día de la Tierra ha mutado con el tiempo. Si en 1970 los críticos acusaban al movimiento de ser una fachada para conmemorar el centenario de Lenin, hoy las críticas apuntan al «greenwashing» o lavado de imagen verde. Muchos temen que el fervor revolucionario original haya sido sustituido por gestos simbólicos y acciones individuales que no presionan lo suficiente a los grandes poderes políticos y corporativos.
Además, el foco ha cambiado drásticamente. Mientras que en los 70 la prioridad eran los contaminantes locales y los pesticidas, hoy el cambio climático y el aumento de las temperaturas globales dominan la agenda.
Incluso frente a desafíos modernos como la pandemia, que obligó a digitalizar las protestas en su 50º aniversario, el espíritu del Día de la Tierra persiste. Lo que comenzó como un grito local ante la destrucción del entorno inmediato se ha consolidado como la mayor movilización civil de la historia, recordándonos que, aunque el ecologismo tenga raíces milenarias, la acción colectiva y coherente es la única capaz de cambiar el rumbo del planeta.

