Luces tenues, sonido envolvente y la promesa de una gran historia. Para muchos, este ritual sagrado del cine se está convirtiendo en una «pesadilla» debido a una oleada de comportamientos disruptivos: desde picnics familiares y traducciones en tiempo real hasta el uso incesante de teléfonos móviles y grabaciones para redes sociales.
La reciente proyección de Project Hail Mary, protagonizada por Ryan Gosling, fue el escenario de una interrupción típica para un espectador londinense: una persona traduciendo diálogos al oído de otra, mientras varios teléfonos brillaban en la oscuridad. Casos similares se multiplican, planteando la duda de si el público ha olvidado cómo comportarse en un espacio compartido.
De «picnics» a pollos vivos: Los nuevos infractores
La falta de etiqueta cinematográfica ha alcanzado niveles insólitos. La tiktoker Cerys Hawkes relató a la BBC incidentes durante la película de terror Smile 2, donde dos hombres se filmaron con flash para capturar «reacciones» para internet, gritando deliberadamente en las escenas de susto.
Más bizarro aún fue lo reportado durante el estreno de la película de Minecraft el año pasado. Algunos auditorios terminaron cubiertos de palomitas, bebidas e incluso se reportó que algunos asistentes llevaron un pollo vivo a la sala, lo que obligó a las cadenas de cine a emitir advertencias estrictas sobre «comportamiento antisocial».
¿Por qué nos comportamos peor?
Expertos y usuarios señalan dos causas principales para este deterioro:
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El «efecto streaming»: El usuario Finian Hackett sugiere que la gente se acostumbró tanto a ver cine en casa —donde pueden hablar, comer ruidosamente y usar el móvil a su antojo— que han trasladado esos hábitos al espacio público.
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La era del contenido: El deseo de generar «contenido» para TikTok o Instagram impulsa a los jóvenes a grabarse en la sala, rompiendo el encanto de la pantalla grande para el resto.
La respuesta de las cadenas y expertos
Cadenas como Vue, Odeon y Cineworld han reafirmado sus políticas: pedir el apagado de móviles y exigir consideración mutua. Cineworld, de hecho, se reserva el derecho de expulsar a los infractores sin derecho a reembolso.
Por su parte, la autoridad en etiqueta Debrett’s recuerda las reglas básicas:
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Apagar el teléfono (no solo ponerlo en silencio).
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Comer con consideración (evitar envoltorios ruidosos).
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Minimizar las charlas.
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Llevarse la basura.
«Algo ha cambiado realmente, sobre todo desde la COVID», afirma la Dra. Kirsty Sedgman, de la Universidad de Bristol, quien señala que aunque las quejas sobre el público vienen desde la época de Platón, la desconexión social actual parece haber alcanzado un punto de inflexión.
A pesar del caos, algunos ven el lado positivo. El comediante Sam Avery calificó el ambiente participativo en películas infantiles o musicales como Wicked como una experiencia «alegre». Sin embargo, para el cinéfilo tradicional, la batalla por el silencio y la oscuridad total parece estar lejos de ganarse.

