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El raro «huevo de dinosaurio» que regresa de la extinción gracias a las redes sociales y la gastronomía

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La sal asin tibuok, una de las sales más raras del planeta, sobrevive en una pequeña isla filipina. Hoy vive un resurgimiento global impulsado por chefs de la Generación Z y la plataforma TikTok.

En un taller con techo de paja en la isla filipina de Bohol, Romano Apatay, de 68 años, utiliza una cuchara hecha con una concha vacía para verter salmuera en vasijas de barro con forma de esfera, suspendidas sobre un fuego de leña. Cuando las vasijas comienzan a agrietarse por el calor, las retira de las llamas. Una vez frías, rompe con cuidado la frágil capa exterior de arcilla con las yemas de los dedos. El resultado es una esfera blanca impecable: la sal tibuok (que significa «sal intacta»), conocida popularmente en todo el mundo como la sal «huevo de dinosaurio» debido a su peculiar forma ovoide.

Apatay es uno de los pocos manganisays (productores de sal) que quedan en la isla. Tras años de declive que llevaron a este producto al borde de la desaparición, hoy lidera a una nueva generación que lucha por salvar este tesoro culinario de la extinción.

Una tradición centenaria que sobrevivió a la historia

El asin tibuok se elabora en Bohol desde hace siglos. Aunque fue documentado por primera vez en el siglo XVII por un misionero español, la etnoarqueóloga Andrea Yankowski asegura que esta artesanía indígena existía mucho antes de la colonización.

«Muchas comunidades de la costa sur de la isla participaban en la producción de sal», explica Yankowski, quien descubrió el proceso hace 20 años. «Esta sal se intercambiaba regularmente con el interior de la isla por arroz y otros productos agrícolas».

Históricamente, unas 100 familias costeras se dedicaban a este oficio, atando las esferas con cuerdas para sumergirlas en papillas de arroz saladas. Sin embargo, el envejecimiento de los artesanos y la falta de relevo generacional casi acaban con la tradición. A esto se sumó un golpe legal en 1995, cuando el gobierno filipino promulgó una ley que exigía que toda la sal comercializada estuviera yodada, lo que ilegalizó de facto el producto artesanal y aceleró su declive.

El fenómeno TikTok y el rescate de la Unesco

La suerte de este mineral de sabor ahumado cambió radicalmente en los últimos años gracias a la cultura digital y al reconocimiento internacional:

Este bum de popularidad ha convertido a la sal en un ingrediente de culto para chefs de la Generación Z y creadores de contenido gastronómico en TikTok.

Modernizar el proceso sin perder el alma

El proceso de elaboración del asin tibuok es titánico y se extiende durante más de cuatro meses y medio. Los productores deben recolectar unas 1,000 cáscaras de coco, dejarlas en los manglares para que se impregnen de agua de mar durante las mareas altas por cuatro meses, secarlas al sol, trocearlas y quemarlas durante cuatro días. Las cenizas resultantes se filtran con agua de mar para crear una salmuera concentrada que finalmente se hornea en las vasijas de barro.

El renacimiento de una empresa familiar

Cris Manongas, heredero de una familia de salineros que había cerrado su negocio en los años 80, decidió en 2010 convencer a sus hermanos y sobrinos para reactivar la producción bajo el nombre de Tan Inong Manufacturing Corporation.

Para hacer viable el negocio en la era moderna, Manongas introdujo sutiles mejoras tecnológicas sin alterar la receta ancestral: sustituyó las balsas de bambú por un camión para el transporte de las cáscaras de coco e instaló una estación de bombeo para el agua de mar.

El cambio más difícil fue el económico. Ancestralmente, el asin tibuok se consideraba sagrado y solo se intercambiaba por trueque. No obstante, para cubrir los costes de la inversión, la empresa tuvo que empezar a comercializar cada pieza a un precio base de 150 dólares (unos 112 euros).

«Para mí es muy importante preservar un oficio que podría desaparecer», concluye Romano Apatay. «Estoy orgulloso del legado de mis antepasados». Gracias a este esfuerzo familiar y al megáfono de las redes sociales, el «huevo de dinosaurio» culinario ha encontrado una nueva vida en la alta cocina del siglo XXI.

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