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«Horrible»: El siglo de controversia de las ‘Señoritas de Aviñón’ y el reclamo de sus raíces africanas

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A más de cien años de su creación, la obra maestra de Picasso vuelve al centro del debate. Una nueva exposición en París, de la mano del artista Henry Taylor, cuestiona el silencio del genio malagueño sobre la influencia del arte africano en el nacimiento del cubismo.

En 1907, cuando Pablo Picasso desveló Las señoritas de Aviñón ante su círculo íntimo en su estudio de París, la respuesta no fue el aplauso, sino el espanto. Georges Braque comparó la visión del cuadro con «beber gasolina»; Henri Matisse, simplemente, calificó a las figuras de «horribles». Hoy, esa misma obra es considerada el pilar del arte moderno, pero una nueva retrospectiva en el Museo Nacional Picasso-París está reabriendo viejas heridas sobre su origen.

El cuadro que «lo cambió todo»

Originalmente titulada Le Bordel d’Avignon (El burdel de Aviñón), la pintura presenta a cinco mujeres desnudas cuyos cuerpos deformes y rostros fragmentados rompieron con siglos de tradición figurativa. Según Joanne Snrech, curadora del museo, Picasso no solo alteró la estética, sino que redefinió el espacio y el cuerpo.

«Incluso para los artistas que ya estaban experimentando con nuevos estilos, esto les pareció un paso demasiado lejos», explica Snrech. Fue este radicalismo el que sentó las bases del cubismo, fusionando múltiples perspectivas en una sola imagen plana y geométrica.

El secreto africano de Picasso

A pesar de su genio, las innovaciones de Picasso no nacieron en el vacío. Meses antes de pintar el lienzo, el artista quedó fascinado por las máscaras y esculturas africanas —particularmente una figurilla del actual Congo que Matisse le mostró en 1906—. Picasso pasó meses realizando bocetos en el Museo de Etnografía del Trocadero, cautivado por la capacidad de estas piezas para distorsionar y simplificar el rostro humano.

Sin embargo, Picasso siempre fue esquivo al respecto. En 1920, llegó a afirmar que «nunca había oído hablar» del arte africano, una negación que ha alimentado acusaciones modernas de apropiación cultural. Los críticos señalan que el malagueño se benefició de la estética de objetos que él mismo consideraba «primitivos», ignorando su profundo significado religioso y social.

La respuesta de Henry Taylor: «Del Congo a la capital»

Como respuesta a este silencio histórico, el aclamado pintor estadounidense Henry Taylor ha llevado su propia versión del cuadro al corazón del museo parisino. En su obra From Congo to the Capital and Black Again (2007), Taylor mantiene las poses icónicas de Picasso pero realiza un cambio fundamental: las figuras son negras.

Al devolverle el color y la identidad africana a las modelos de la pintura, Taylor subraya que la obra maestra de Picasso debe mucho más al continente africano de lo que el artista quiso admitir. La exposición, titulada Henry Taylor: Where Thoughts Provoke, no solo celebra el legado del cubismo, sino que invita al espectador a cuestionar quién tiene el derecho de reclamar la autoría de una forma estética.

«Lo que le impactó no fue solo su aspecto, sino su funcionamiento: los rostros están simplificados y distorsionados… eso le permitió alejarse del naturalismo», concluye Snrech sobre la influencia que Picasso intentó ocultar, pero que hoy, un siglo después, vuelve a la luz.

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