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La verdadera historia de los billetes nazis que inspiró a Peaky Blinders

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Considerada por muchos como la mayor operación de falsificación de la historia, la conspiración de la Alemania nazi para hundir la economía británica con billetes falsos parece sacada de un guion de Hollywood. Hoy, este impactante episodio real no solo ha inspirado el último giro en la aclamada saga televisiva Peaky Blinders, sino que también cobra vida a través de una nueva exposición histórica.

El Centro del Holocausto del Norte, ubicado en la Universidad de Huddersfield, exhibe ahora una colección de estos billetes falsificados, donados por el coleccionista Andy Taylor, arrojando luz sobre un complot que estuvo a punto de quebrar al Banco de Inglaterra.

Operación Bernhard: El chantaje nazi en Sachsenhausen

La operación recibió su nombre en honor al mayor de las SS, Friederich Bernhard Krüger. El plan consistió en reclutar a la fuerza a más de 140 prisioneros judíos con experiencia previa en grabado, banca e imprenta, quienes fueron trasladados y aislados en el campo de concentración de Sachsenhausen, cerca de Berlín.

«Todo este dinero falsificado fue producido por personas que habrían sido asesinadas. No se trata de una banda criminal que se unió para delinquir; estas personas se vieron obligadas a hacerlo». — Hannah Goldstone, Centro del Holocausto del Norte.

Los prisioneros fueron alojados en barracones separados del resto de la población del campo. Su tarea era titánica: estudiar miles de billetes auténticos para identificar y replicar a la perfección alrededor de 150 marcas de seguridad secretas.

Según estimaciones de Oscar Stein, un contable prisionero que sobrevivió al proyecto, se fabricaron alrededor de nueve millones de billetes falsos. Jennifer Adam, conservadora del Museo del Banco de Inglaterra, señala que el valor nominal de esa producción equivaldría hoy a unos 5.000 millones de libras esterlinas.

Los billetes «blancos»: Obras de arte de trapo y algodón

En marcado contraste con el dinero moderno, repleto de hologramas y polímeros, los billetes británicos de la época de la Segunda Guerra Mundial eran sorprendentemente sencillos, aunque elegantes. Eran conocidos popularmente como los billetes «blancos».

  • Tamaño: Eran considerablemente grandes, similares a una hoja de papel A5.

  • Material: Fabricados con papel blanco de trapo de algodón.

  • Diseño: Solo una de las caras contenía texto impreso en tinta negra, firmas y marcas de seguridad.

El coleccionista Andy Taylor, quien compró su primer billete en York cuando apenas tenía 12 años, confiesa que su fascinación comenzó de manera accidental. «Debo admitir que al principio no sabía que algunos eran falsificaciones. La similitud con los auténticos era prácticamente insignificante, a menos que sepas muy bien qué buscar. Son como obras de arte, el papel es precioso», explica Taylor.

Del bombardeo económico al espionaje

El plan estratégico original de la Alemania nazi era sumamente agresivo: la Luftwaffe (fuerza aérea alemana) debía lanzar toneladas de estos billetes sobre territorio británico. El objetivo era inundar el mercado, desatar una hiperinflación destructiva y provocar el colapso del sistema financiero del Reino Unido.

Sin embargo, el rumbo de la guerra obligó a cambiar de enfoque. En lugar de lanzarlos desde el aire, el régimen nazi terminó utilizando el dinero falsificado en naciones neutrales para comprar suministros de guerra y pagar a su red de espías.

A pesar de que el intento de hacer quebrar al Banco de Inglaterra no tuvo un éxito total, la Operación Bernhard causó un tremendo impacto: obligó a las autoridades británicas a retirar de circulación miles de billetes auténticos por temor a la contaminación de la moneda e, incluso, llegó a paralizar por completo la impresión de nuevos billetes durante el conflicto. Hoy, esa mezcla de ingenio, tragedia y guerra secreta revive en la pantalla chica y en las vitrinas de la historia.

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