abril 2, 2021

“El efecto de los químicos en nuestro sistema reproductivo amenaza la supervivencia humana”

La tasa de fertilidad mundial está en declive desde hace décadas.

A menudo, la atención se ha puesto en el sistema reproductivo de las mujeres, pero la epidemióloga estadounidense Shanna Swan sugiere que los hombres también son fuente de preocupación.

Según expone en el libro Countdown (“Cuenta atrás”), el estado actual de la salud reproductiva no puede prolongarse por mucho tiempo sin amenazar la supervivencia humana.

“Es una crisis existencial global”, subraya esta científica especializada en fertilidad que trabaja en la Escuela de Medicina Icahn del hospital Mount Sinai en Nueva York

En este libro de reciente publicación, Swan señala que, de media, la mujer actual de 20 años es menos fértil de lo que era su abuela a los 35 años y añade que, también de media, un hombre actual tiene la mitad de los espermatozoides que tenía su abuelo a su misma edad.

La investigadora responsabiliza de gran parte de este deterioro a los químicos tóxicos, en concreto los ftalatos, sustancias sintéticas que se utilizan para hacer que los plásticos sean más flexibles y difíciles de romper.

Estos componentes están en objetos de uso común: envases, champús, cosméticos, muebles, pesticidas o alimentos enlatados, entre otros productos.

Varios estudios de los últimos 20 años han demostrado que alteran las hormonas masculinas como la testosterona y causan defectos genitales de nacimiento en los bebés varones.

Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) exponen en su página web que se desconocen los efectos de una leve exposición a los ftalatos, pero reconocen que algunos tipos de estas sustancias han afectado el sistema reproductivo de animales en laboratorio.

BBC Mundo entrevistó a la Dra. Swan sobre sus hallazgos.

En su libro, leemos que la fertilidad ha caído más del 50% en los últimos 50 años y que el recuento de espermatozoides podría bajar a 0 para 2045, en poco menos de 25 años. ¿Cómo llegó a estos datos?

Déjeme decirle que el dato de la fertilidad no viene de mi propia investigación, sino del Banco Mundial.

El Banco Mundial es una magnífica fuente que aporta la tasa de fertilidad -es decir, el promedio de hijos que tiene una mujer- de cada año y país desde 1960.

Desde 1960 hasta ahora, la tasa ha caído a más de la mitad, de cinco hijos por mujer o pareja a 2,4 hijos por mujer o pareja, eso es una caída de más del 50%.

En cuanto al declive del recuento y concentración de espermatozoides, es un dato mucho más difícil de establecer y para eso hicimos un gran metaanálisis, un análisis de estudios ya publicados, y revisamos todos aquellos publicados en los últimos 40 años para ver los datos de esperma que reportaron los investigadores en sus países o estudios respectivos.

Lo que hallamos fue que la concentración bajó de 99 millones de espermatozoides por mililitro -casi 100, que es mucho- en 1973 a 47 millones en 2011.

Es una caída preocupante por varias razones, la principal es que es muy pronunciada.

Por cierto, esto es en países occidentales, en Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, porque los países no occidentales tienen muy pocos estudios publicados y buscamos en inglés, por lo que no están incluidos los trabajos en otros idiomas.

Si se miran los datos de los últimos 30, 20, diez años, no se ve que la bajada sea más lenta, por lo que no hay indicación de que la caída se esté reduciendo.

Ya 47 millones es un número bajo y seguirá disminuyendo. Por debajo de 40 millones entramos en el punto en el que es más y más difícil tener un hijo, digamos, de la manera tradicional, y necesitamos acudir a la reproducción asistida.

Siguiendo esta línea, algunos de los artículos que reseñan su libro alertan incluso sobre el final de la humanidad. Usted habla de una crisis existencial global. ¿Cómo empeoró tanto la situación y por qué no se habla tanto de esto?

Sí, ¡qué estábamos haciendo cuando esto estaba ocurriendo! ¿cierto? Una cosa que estábamos haciendo es ser absorbidos por muchas otras crisis. No podemos olvidar el cambio climático, que está anulando otras crisis, y ahora la pandemia de covid-19.

Pero esto precede de largo a la pandemia y de hecho se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando aumentó la elaboración de productos derivados del petróleo.

El plástico y muchos de los químicos que nos preocupan, y que pienso que están relacionados con este declive, empezaron a producirse en grandes cantidades en todo el mundo. Son químicos hechos con petróleo y derivados del petróleo.

La crisis global del cambio climático y la crisis de la salud reproductiva crecieron juntas porque están ligadas a productos similares.

Otra de las razones por las que no somos tan conscientes de la crisis de fertilidad es que la gente no habla sobre la salud reproductiva.

En primer lugar, se suele responsabilizar a las mujeres de los fallos en la salud reproductiva, se asume que, si una pareja no puede concebir, la mujer es responsable.

Las personas no quieren hablar de cosas sobre las que se sienten mal o culpables y definitivamente los hombres no quieren considerar la posibilidad de que pueden ser infértiles o que tienen pocos espermatozoides, porque sienten que eso ataca su masculinidad. Así que es una especie de zona secreta que se trata de evitar.

Incluso muchas de las parejas que tienen problemas para concebir y acuden a programas de reproducción asistida no se lo cuentan a sus amigos, es algo oculto.

Tampoco se discuten problemas relacionados con la menstruación o el sexo, como la falta de libido o la disfunción eréctil. Todos ellos son temas que dan vergüenza

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