Juan Gabriel solo cursó hasta el quinto grado de primaria, pero «la escuela de la vida» —como él mismo la bautizó— lo transformó en uno de los cantautores más trascendentales de la música hispana. A una década de su partida, el legado del ‘Divo de Juárez’ sigue vivo, transmitiéndose de generación en generación a través de un repertorio inmortal.
De la orfandad y la pobreza a la gloria musical
Nacido el 7 de enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán, Alberto Aguilera Valadez creció en la austeridad absoluta. Tras la desaparición de su padre e incapacitada para mantenerlo, su madre lo ingresó a los cinco años en el internado Escuela Laica de Mejoramiento Social para Menores en Ciudad Juárez.
“La pasaba muy bien con los demás niños, compartíamos juegos, pero a la vez, estábamos conscientes de la tristeza por estar ahí internados”, recordó en vida el cantautor sobre su infancia.
A los 13 años se fugó del recinto y comenzó a ganarse la vida vendiendo artesanías de hojalata y cantando en las calles. Esos años nómadas forjaron su sensibilidad artística. Su debut en los escenarios ocurrió en 1966 en el bar Noa Noa de Ciudad Juárez, pasaje que inmortalizó en uno de sus temas más emblemáticos.
El impacto de una carrera monumental
Su primera composición, «La muerte del palomo», escrita a los 13 años, fue el presagio de un talento desbordante. Al momento de su muerte, la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación ya le atribuía más de 1.800 canciones compuestas.
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Impacto comercial: Vendió más de 100 millones de discos y grabó alrededor de 35 álbumes. Sus canciones fueron traducidas e interpretadas en más de 8 idiomas.
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Intérpretes: Compuso éxitos para estrellas como José José («Lo pasado, pasado»), Rocío Dúrcal («Amor eterno») e Isabel Pantoja («Así fue»), además de ser versionado por bandas de rock como Jaguares y Maná.
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Hitos teatrales: Abarrotó escenarios de la talla del Radio City Music Hall en Nueva York y el Rose Bowl en California. Desde 1986, la ciudad de Los Ángeles celebra cada 27 de octubre el “Día de Juan Gabriel”.
Pese al éxito global, las llaves de múltiples capitales y el reconocimiento del Laurel de Oro por parte de los Reyes de España, el cantautor siempre mantuvo una postura humilde respecto a la fama, afirmando que el mayor reconocimiento de su vida era, sencillamente, el cariño del público.

