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El espíritu de unión y multiculturalidad que define el épico concierto único de Gorillaz

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«Soy el peor líder de banda. Soy pésimo. Me tomo el espectáculo con mucha calma», confiesa Damon Albarn con una sonrisa apenas una hora antes de hacer historia. Sin embargo, esa actitud relajada es precisamente la que marca la pauta para un proyecto que, tras 28 años de trayectoria, ha abarrotado el estadio del Tottenham Hotspur en un espectáculo pop multicultural y multimedia sin precedentes.

Lo que ocurre detrás del escenario del Tottenham no es el típico despliegue de rockstars; el ambiente tras bambalinas se asemeja más a una cumbre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de la música, donde conviven más de 30 músicos de 15 países diferentes sin una pizca de ego entre ellos.

Una «familia ecléctica» en los ensayos

Durante las pruebas de sonido, la magia de Gorillaz se despliega de forma orgánica. Mientras la banda ensaya Dirty Harry y las pantallas del estadio se iluminan con el coro animado, Albarn, visiblemente emocionado, salta del escenario para abrazar al rapero argentino Trueno, olvidándose por diez minutos de que sus músicos lo necesitan en la tarima.

«El ambiente es increíble», asegura la cantante sudafricana Moonchild Sanelly, elogiando la humildad y apertura de Albarn. Por su parte, la poeta y cantante folk estadounidense Kara Jackson define al colectivo como «una familia muy ecléctica», comparándolo con esos círculos comunitarios del sur de EE. UU. donde los lazos de afecto sustituyen a los de sangre.

En los pasillos y el comedor del estadio se respira un contraste cultural fascinante:

  • Indumentaria y estilos: La cantante maliense Fatoumata Diawara conversa animadamente luciendo la indumentaria tradicional de Wassoulou, mientras la leyenda del rock británico Johnny Marr pasa caminando con su clásica parka mancuniana.

  • Unión en la mesa: Músicos sirios y africanos comparten el menú —que incluye lubina asada y merengue de maracuyá— junto a Posdnuos del grupo de hip-hop De La Soul y la intérprete de sitar Anoushka Shankar.

  • Invitados estelares: Los íconos del pop alternativo estadounidense, Sparks (con Russell luciendo un traje rosa de lunares), ensayan The Happy Dictator, seguidos de cerca por Shaun Ryder, quien aporta su icónica energía para revivir el clásico de 2005, Dare!.

Un documental para registrar la hazaña

Jamie Hewlett, quien ideó la banda virtual junto a Albarn en 1998, recorre las instalaciones con un equipo de filmación para registrar un documental que conmemorará este evento único. El ambicioso proyecto audiovisual busca mostrar la interacción entre los músicos humanos y sus contrapartes animadas (2-D, Murdoc, Noodle y Russel), capturando el viaje de los artistas desde distintas partes del mundo hasta la culminación del show.

«Íbamos a grabar un álbum por diversión. No teníamos ni idea de que esto iba a continuar», admite Hewlett con sorpresa, atribuyendo la longevidad del proyecto a los dibujos animados y a las colaboraciones intergeneracionales.

Un mensaje contra el prejuicio y el duelo colectivo

Más allá del entretenimiento, los fundadores defienden el trasfondo social de Gorillaz. «La idea de decir que tu cultura es de alguna manera superior a otra, o que no pueden ser compatibles, es ridícula», afirma Albarn, haciendo un llamado a la comprensión intercultural frente a discursos políticos simplistas.

Este enfoque de conexión humana se profundiza en su último álbum, The Mountain, inspirado en el concepto hindú del Samsara (el ciclo de nacimiento, vida, muerte y reencarnación). El disco sirvió para que Albarn y Hewlett procesaran el fallecimiento de sus padres, fusionando a músicos indios con grabaciones de archivo de colaboradores caídos de la banda, como el actor Dennis Hopper y el rapero Proof.

El concierto también rinde un emotivo tributo a las ausencias recientes. Kevin «Posdnuos» Mercer actúa en una potente versión de Feel Good Inc. junto a videos de su compañero de De La Soul, Dave Jolicoeur, fallecido en 2023. Asimismo, las pantallas proyectan a la cantante india Asha Bhosle interpretando The Shadowy Light, el último tema que grabó antes de su deceso en abril; en el escenario, su nieta Zanai canta los coros, en un emotivo traspaso de antorcha que sintetiza la esencia de Gorillaz: un puente indestructible entre generaciones, culturas, la vida y la memoria.

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