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El vestido de acero de Jenna Ortega y el nuevo furor por la moda tecnológica

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Desde un ostentoso sujetador artesanal de oro blanco valorado en 50 millones de dólares hasta la impactante aparición de Jenna Ortega en la alfombra roja, la alta costura de corte metálico y estético futurista se ha apoderado de las tendencias esta semana.

En el estreno en Nueva York de la película Klara and the Sun —adaptación de la novela homónima de Kazuo Ishiguro (2021)—, Ortega acaparó todas las miradas. En el filme, la actriz interpreta a Klara, una altruista robot alimentada por energía solar (una «Amiga Artificial»). Para la ocasión, lució un diseño exclusivo de Elias Matso compuesto por un corpiño ajustado, un bustier en forma de W y una falda de flecos.

Aunque a primera vista el conjunto evocaba el vestuario clásico de Cher, la pieza escondía una elaborada arquitectura: estaba confeccionada casi en su totalidad con ballenas planas y en espiral de acero cortadas a mano, elementos estructurales habitualmente reservados para el interior de corsés o miriñaques. El resultado visual proyectaba una imagen casi magnética de la actriz, como si hubiese sido moldeada directamente en una fábrica siderúrgica.

«Ha estado guardando este vestido para mí y es perfecto; encaja muy bien con la película», declaró Ortega a la revista People, elogiando el trabajo de Matso y la visión de su estilista, Enrique Melendez.

Un romance histórico entre la alta moda y la robótica

La elección de Ortega no es un hecho aislado. La moda de lujo —una industria que fundamenta su alto valor en la promesa del trabajo artesanal humano— lleva décadas dialogando con la figura del autómata, en especial con las representaciones femeninas de la tecnología:

La tecnología en la era actual: entre lo inquietante y lo analógico

En la actualidad, la confluencia entre tecnología y moda ha dejado de ser una simple fantasía de pasarela para integrarse en el día a día y en la robótica real. Marcas como Meta han colaborado con figuras como Kylie Jenner y la firma Ray-Ban para comercializar sus gafas con inteligencia artificial.

Al mismo tiempo, la presencia de robots reales en la industria genera reacciones encontradas. Este verano, los autómatas humanoides de Unitree Robotics se hicieron virales al participar en el evento Vogue World en Milán, desatando muecas de escepticismo en la primera fila entre diseñadores como Miuccia Prada y Alessandro Michele. Poco después, a comienzos de este mes, los mismos robots de Unitree volvieron a desfilar en la Semana de la Moda de Shanghái, luciendo vestidos de novia para la firma china The Atelier.

Para que este maridaje entre moda y tecnología funcione de cara al público —evitando caer en lo distópico o inquietante— suele requerirse un contrapunto analógico o humano:

El propio diseñador, Elias Matso, destacó el complejo proceso artesanal detrás de la prenda, recordando «las múltiples ampollas, reconstrucciones e intentos fallidos» necesarios para lograr el resultado final. Una idea que Ortega sintetizó con precisión: «Está hecho a mano, por seres humanos; requiere un gran esfuerzo».

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