La promesa inicial del streaming era que el espectador decidiera cuándo y cómo consumir contenido, marcando una ruptura total con la televisión tradicional de señal abierta o por cable, donde los programas se emiten a una hora fija. Sin embargo, una serie de históricos anuncios recientes demuestra que los grandes eventos en vivo —que tradicionalmente anclaban a la audiencia a la televisión lineal— están migrando masivamente hacia las plataformas digitales.
Una desbandada histórica de eventos en vivo
En diciembre de 2025, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas dio el primer gran golpe al anunciar que, a partir de 2029 y hasta 2033, los premios Óscar se transmitirán a través de YouTube, superando la oferta de la cadena tradicional ABC, que emitió la gala durante décadas.
A este movimiento se sumaron anuncios consecutivos en octubre de 2026:
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Premios Emmy: La Academia de Televisión anunció el 6 de octubre que sus galardones se emitirán en la plataforma Prime Video de Amazon a partir de septiembre de 2027, reemplazando el tradicional turno rotativo entre las cadenas abiertas de EE. UU.
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El Super Bowl: El 7 de octubre, Disney+ confirmó que transmitirá en vivo el Super Bowl LXI el sábado 14 de febrero de 2027 de la mano de ESPN. El acuerdo abarca a sus suscriptores en Estados Unidos y se extenderá a más de 55 mercados internacionales, incluidos los países hispanohablantes de América Latina, Brasil, el Caribe, Sudáfrica y Australia/Nueva Zelanda.
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Copa Mundial de la FIFA: Netflix firmó un acuerdo estratégico para transmitir en exclusiva todos los partidos de la Copa del Mundo 2030 para España y Andorra, además de asegurar los derechos exclusivos en EE. UU. y Canadá para la Copa Mundial Femenina de la FIFA en 2027 y 2031.
El modelo «win/win» y la conquista del público
Para expertos como Elena Neira, autora del libro Streaming Wars: La nueva televisión y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), esta migración responde a una estrategia beneficiosa para ambas partes. Por un lado, las plataformas consiguen un activo sumamente valioso para complementar su oferta; por el otro, los organizadores obtienen acceso directo a una audiencia que ha ido abandonando progresivamente la televisión tradicional.
A diferencia de las series o películas, los eventos en vivo logran reunir a grandes masas de espectadores en un mismo instante, dominando la conversación en redes sociales y aportando contenidos exclusivos que distancian a una plataforma de su competencia en un mercado cada vez más homogéneo.
El deporte y el nuevo paradigma
El motor principal de esta tendencia ha sido el deporte en vivo. Gigantes tecnológicos y plataformas de suscripción han firmado millonarias alianzas para asegurar transmisiones a largo plazo: Prime Video con partidos de la NBA, WNBA y carreras de Nascar; Apple TV con los derechos de la Fórmula 1; y Netflix con la transmisión del programa Raw de la WWE.
Las nuevas generaciones, habituadas desde hace años al consumo de directos en plataformas como Twitch o YouTube Live, consolidan un cambio de hábitos definitivo. Según estimaciones de la firma global PricewaterhouseCoopers (PWC), los espectadores estadounidenses que sintonizan eventos deportivos mediante servicios de streaming al menos una vez al mes superan ampliamente las proyecciones de años anteriores, confirmando que la televisión en directo en el entorno digital llegó para quedarse.

