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Noah Kahan y el precio del éxito: Entre el humor escatológico y el diagnóstico de TOC

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Noah Kahan, el cantautor de Vermont que se ha convertido en la voz de la «inquietud» de la Generación Z, atraviesa uno de los momentos más brillantes y, a la vez, más oscuros de su carrera. Tras ser coronado como una superestrella global, el músico confiesa cómo el peso de las expectativas y un diagnóstico de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) casi paralizan su capacidad de crear.

Del inodoro al estrellato: El estilo Kahan

La reciente estancia de Kahan en un lujoso hotel del West End comenzó con una nota característica de su personalidad: un video en redes sociales cantando su nueva canción, Porchlight, sentado en el retrete bajo el hashtag «diarrea explosiva».

«El baño tiene una acústica buenísima», bromea el músico de 29 años. «A mis fans les gusta cuando mezclo la música con el humor escatológico». Sin embargo, detrás de esa fachada de «Hairy Styles» —como se autodenomina con ironía— se esconde un hombre que ha luchado por asimilar un ascenso meteórico impulsado por éxitos como Stick Season.

La parálisis del éxito y la «muerte del ego»

A pesar de llenar recintos y encabezar festivales, Kahan admite que el último año fue una experiencia solitaria. El proceso creativo, que antes era su refugio, se convirtió en una fuente de ansiedad:

El diagnóstico: Un punto de inflexión

Al regresar de California, Kahan recibió un diagnóstico de TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Esta revelación puso nombre a su obsesión por la perfección y la validación externa. «Me aferré demasiado a la idea de que mi valor provenía de lo que yo creaba. Cuando no estás creando, sientes que no vales nada», explica sobre lo que describe como una «muerte del ego».

Salud mental y medicación

Kahan, quien anteriormente escribió sobre los efectos de dejar el Prozac, ha decidido priorizar su bienestar sobre el mito del «artista atormentado». Actualmente toma Lexapro para gestionar su ansiedad y el TOC.

«Me torturé durante años sin tomar medicación porque no sabía si podría hacer música si era más feliz, si no tenía esa oscuridad dentro de mí», revela con sinceridad.

Hoy, el artista que Marcus Mumford comparó con los grandes del folk de los 60, parece haber entendido que su humanidad no reside en su oscuridad, sino en su capacidad de sobrevivir a ella, ya sea con una guitarra en la mano o con un chiste escatológico en el baño de un hotel.

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