Una nueva especie de árbol descubierta en una zona indígena ya está amenazada
Botánicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) nombraron a la nueva especie Clusia nanophylla debido al tamaño diminuto de las hojas, las más pequeñas del género. Esta especie solo se ha encontrado en Panamá
En el año 2000, un grupo de botánicos del STRI recogió muestras de todas las plantas del género Clusia que pudieron encontrar en Panamá para descubrir cómo están relacionadas las diferentes especies de este grupo.
Veinticinco años después, una de las muestras de plantas que recogieron en la comarca indígena Ngäbe-Buglé, en el oeste de Panamá, ha sido formalmente nombrada como nueva especie.

Pero ¿cómo es posible que esta especie endémica recién nombrada ya se considere en peligro crítico?
En un artículo científico publicado en Kew Bulletin, “Tidying up the small-leaved Clusia taxonomy: description of Clusia nanophylla (Clusiaceae), a new tree species from Panama and comments on its previously used names”, el botánico y especialista en taxonomía de STRI Jorge Aranda y sus coautores describen la nueva especie, llamada así por tener las hojas más pequeñas registradas dentro del género— ‘nano’ significa pequeño, y ‘phylla’ hoja.
«No fue sino hasta unos 23 años después cuando nos dimos cuenta de que podríamos tener una especie nueva y altamente endémica entre manos», explicó Aranda, experto en Clusia en Panamá y que creó un Clusiarium en las instalaciones de Fisiología Vegetal de STRI, una colección de diferentes especies vivas del género cultivadas en un solo lugar para estudios botánicos. «Pero la siguiente vez que fuimos al lugar donde se recogió la planta original, solo quedaban unos pocos árboles de los muchos que habíamos visto la primera vez.»
Clusia nanophylla es una de las especies más recientes descritas dentro del género que ya contiene más de 320 especies en América tropical, y alrededor de 42 especies en Panamá, en la mayoría de los climas, desde tierras bajas más secas hasta zonas premontanas húmedas. «En Panamá, en menos de diez o veinte metros, puedes encontrarte con hasta diez especies, lo que es más especies de Clusia que en cualquier otro lugar», dice Aranda.

Comúnmente conocidas como copé o copey, las plantas y árboles de Clusia se reconocen fácilmente por sus hojas brillantes y carnosas que crecen opuestas unas a otras, el látex amarillo lechoso que sale de sus tallos y los frutos en forma de estrella que contienen semillas amarillas envueltas en una cubierta carnosa naranja o arilo. Las aves se sienten atraídas por este arilo naranja y propagan las semillas comiendo y excretándolas, ayudando a la dispersión del género por toda la región.
El género Clusia también es especial porque algunas especies cambian de fotosíntesis regular, que implica capturar dióxido de carbono durante el día, a una vía fotosintética modificada conocida como fotosíntesis CAM (metabolismo del ácido crassuláceo), caracterizada por la absorción de dióxido de carbono por la noche, y que suele encontrarse en plantas suculentas del desierto.
«Las Clusias son los únicos árboles en el reino vegetal capaces de fijar dióxido de carbono por la noche», explica Klaus Winter, científico de STRI, que estudia la capacidad de las plantas para realizar la fijación nocturna de dióxido de carbono de manera conservadora de agua (CAM) en lugar de la fotosíntesis normal durante el día (C3), incluyendo especies arbóreas de Clusia que pueden cambiar reversiblemente entre las dos vías de fotosíntesis.
«Algunas especies realizan la fotosíntesis normal, otras casi siempre fijan dióxido de carbono por la noche como un cactus del desierto, y algunas especies pueden pasar de la fijación diurna a la nocturna y viceversa, dependiendo de la estación y de la disponibilidad de agua en el suelo», explica Winter. La capacidad de alternar entre C3 y CAM, descubierta al principio de la carrera investigadora de Winter, es uno de los mejores ejemplos de flexibilidad metabólica en el reino vegetal. Estudiar plantas que hacen esto puede ayudar a los científicos a entender cómo se adaptan las plantas a condiciones ambientales cambiantes y extremas, como las sequías.