junio 6, 2021

La novela que hace 50 años vaticinó el fenómeno social que nos dejó la pandemia

Una joven adolescente vive en un entorno en el que tiene todas todas sus necesidades satisfechas: recibe su educación, información y entretenimiento a través de una pantalla; y la alimentación, artículos indispensables y otros servicios le llegan a domicilio, proporcionados por personas que habitan afuera.

Está aislada de la enfermedad, la violencia y otros malestares del mundo exterior, con el que sólo entra en contacto por medios virtuales.

Pero esta separación física empieza a atormentarla y escapa su “jaula dorada” para respirar el aire infectado, sentir la “mugre” bajo sus pies y entablar una relación real con un desconocido con el que se ha comunicado aleatoriamente a través un dispositivo social.

¿Te suena familiar, real, actual?

Es posible, dada la manera en la que la mayoría de nosotros hemos tratado de sobrellevar más de un año de coronavirus. Sin embargo, el relato anterior corresponde a una novela escrita hace más de 50 años, antes de las pandemias modernas, antes de internet, la existencia de las redes sociales y de las apps.

Se titula “Una vida muy privada” (A Very Private Life) del novelista y dramaturgo británico Michael Frayn, mejor conocido por sus internacionalmente exitosos dramas teatrales “Copenhague ” y “Democracia”, y la farsa “Entre telones” (Noises Off).

Una existencia encerrada

La idea para la novela le llegó a Frayn de manera casual, cuando deambulaba por unas calles desiertas en Estados Unidos. Un panorama similar al de las ciudades vacías durante los confinamientos.

“Recuerdo que estaba caminando un día por los alrededores de Phoenix, Arizona, por una zona bastante afluente, y de pronto me di cuenta de que no había absolutamente nadie en las calles”, relata el autor a BBC Mundo.

“Por entre los árboles podías ver el resplandor de los jardines recién regados, pero todo el mundo estaba en sus casas”, señala. “Y pensé que la sociedad podría volverse cada vez más así; que a medida que la tecnología avanzara, la gente podría vivir cada vez más encerrada”.

Pero también le quedó claro que para que esta clase que se da el lujo de vivir enclaustrada pudiera sobrevivir, tendría que haber una contraparte.

“Es obvio que muchas otras personas tienen que existir a la intemperie aguantando el frío y el calor, para poder construir la estructura que protege a esta clase ‘afortunada’ y también mantenerla aprovisionada de comida, electricidad y comunicaciones”, explica.

Fue así como creó el futuro distópico de “Una vida muy privada”, una sociedad dividida entre los de adentro y los de afuera.

Los “animales”

En la novela, los primeros viven en un ambiente esterilizado, protegido y totalmente abastecido. No sólo están aislados del exterior, sino también de ellos mismos.

Cada miembro de la familia está confinado dentro de su propio espacio e interactúa con el resto a través de la “holovisión”, un aparato que materializa avatares tridimensionales.

Por medio de este forman sus propios grupos sociales, trabajan, se educan, recrean e informan. El aparato les permite atisbar el mundo al otro lado de su encierro y observar de vez en cuando a la gente extraña que lo habita, a los que llaman “animales”.

Mientras los animales prestan los servicios que mantienen la comodidad de la clase hermética, ellos mismos viven alejados, hacinados en decaídos edificios urbanos, entre el estiércol, el óxido, la contaminación y la peste, inhalando lo que la novela describe como la detritósfera.

Michael Frayn dice que es inevitable que nuestras vidas actuales se parezcan cada vez más al mundo ficticio de la novela. “La tecnología ha mejorado, las comunicaciones han progresado y cada vez más las personas sienten menos necesidad de salir de sus casas”, indica.

Y “por supuesto, la similitud se ha vuelto más dramática con el aislamiento impuesto por la pandemia”.

Un fábula

A pesar de que vaticina muchos de los inventos que hoy damos por sentados y que han transformado nuestro comportamiento —las redes sociales, las reuniones virtuales, las apps con las que se manipula la imagen personal, los medicamentos estimulantes—, Frayn insiste en que no necesariamente es un libro de ciencia ficción sino, más bien, una fábula.

“Tradicionalmente las fábulas se relacionan con un período indefinido en el pasado al que no podemos regresar”, dice, explicando que su intención fue “escribir un cuento de hadas conscientemente situado en el futuro, pero no como ciencia o predicción seria”.

“La ciencia ficción es en gran parte una fábula, cualquier cosa puede suceder y las leyes de la física se pueden romper”.

No obstante, el autor aborda temas perennes y fundamentales de nuestra existencia que han cobrado particular relevancia hoy y que están interrelacionados: la soledad y la privacidad, la libertad y la estructura social, las relaciones personales y el sexo.

Estos últimos, las relaciones personales y las sexuales, son de particular interés para la protagonista de la novela, la joven Uncumber (el nombre de una santa que en español se conoce como Santa Librada o Santa Wilgefortis, patrona de las mujeres mal casadas).

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