Una nueva oleada de aranceles estadounidenses sobre una amplia gama de productos canadienses entró en vigor este sábado, después de que las negociaciones comerciales entre ambas naciones colapsaran a última hora del viernes. En respuesta, el primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció la suspensión de las conversaciones y confirmó que Canadá aplicará medidas recíprocas «dólar por dólar».
Las conversaciones, que se mantenían de forma intensa desde julio, buscaban desactivar la amenaza del presidente Donald Trump de aplicar un gravamen del 50% a las importaciones canadienses. Aunque a principios de esta semana ambos gobiernos se mostraban optimistas sobre la posibilidad de rebajar las tarifas en sectores clave como el acero, el aluminio y la automoción, el diálogo se rompió minutos antes de que venciera el plazo límite.
Puntos clave del conflicto:
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Posición de Canadá: El primer ministro Mark Carney justificó la retirada de los negociadores señalando que «los cambios de última hora en los términos propuestos por Estados Unidos eran injustos, antieconómicos y ponían en entredicho la fiabilidad de cualquier acuerdo».
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Respuesta de EE. UU.: El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, acusó a Canadá de negarse a cerrar el pacto e incumplir compromisos previos, rompiendo así el «cuidadoso equilibrio» alcanzado durante la semana.
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Sectores afectados: La nueva carga impositiva estadounidense —amparada en la Ley Arancelaria de 1930— impacta a productos como vino, lácteos, cemento, ropa y equipamiento de hockey, sumándose a los gravámenes ya vigentes sobre el metal y la madera.
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Respaldo interno y preocupación empresarial: Líderes provinciales como Doug Ford, primer ministro de Ontario, cerraron filas con Carney apoyando una respuesta firme. Por su parte, sectores empresariales de ambos lados de la frontera advirtieron que esta escalada arancelaria aumentará los costos para las familias y pondrá en riesgo cadenas de suministro clave en el marco del T-MEC.

