Cuba abre la puerta a franquicias de restaurantes extranjeros
En medio de una de las crisis económicas más profundas de su historia reciente y bajo una asfixiante presión por parte de Estados Unidos, el Gobierno de Cuba anunció un giro drástico en su política comercial: permitirá la entrada de franquicias extranjeras de comida rápida y la creación de cadenas de restaurantes operadas por el sector privado o inversión foránea.
El anuncio fue realizado por el primer ministro cubano, Manuel Marrero, como parte de un amplio paquete de reformas económicas aprobado por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y que actualmente debate la Asamblea Nacional del Poder Popular. De ratificarse, estas medidas representarían una de las mayores aperturas al mercado en la isla desde la revolución de 1959.
“Una mipyme, alguien, una inversión extranjera que quiera hacer una red de restaurantes, de cafetería, hamburguesería, cualquier servicio, se le va a permitir, en aras de ampliar los servicios a la población”, afirmó Marrero, abriendo explícitamente la convocatoria a cadenas internacionales de «alimentos ligeros» para que expandan sus operaciones en el territorio nacional.
Modernización sin renunciar al socialismo
A pesar del evidente guiño a las dinámicas del libre mercado, las autoridades cubanas insisten en que el modelo político se mantendrá intacto. Según Marrero, las reformas buscan modernizar la economía sin cambiar el sistema socialista.
El paquete de medidas incluye:
-
Mayor participación del sector privado y estímulos a la inversión extranjera.
-
Reformas estructurales en la agricultura, el comercio exterior y el mercado inmobiliario.
-
Mayor autonomía para los municipios y las empresas estatales.
Desde el PCC aclararon en redes sociales que, aunque se reconocen los mecanismos de mercado como instrumentos eficientes, «no implican en ningún sentido renunciar a la responsabilidad social del Estado».
Por su parte, el presidente Miguel Díaz-Canel defendió la urgencia de las medidas frente a la escasez generalizada: “Necesitamos desatar las fuerzas productivas, que haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal”.
El factor Washington y el colapso energético
Esta flexibilización económica llega en un momento de asfixia diplomática y financiera. El Gobierno de Donald Trump ha intensificado las sanciones contra La Habana, sumando nuevas restricciones al histórico embargo de los años 60.
La crisis se ha visto severamente agravada por el colapso en el suministro de combustible:
Con las calles a oscuras y el descontento social en aumento, la llegada de hamburgueserías y cafeterías internacionales se perfila como un intento desesperado del Palacio de la Revolución por reactivar el comercio, atraer divisas y ofrecer una válvula de escape a una población fatigada por la escasez.