El presidente de EE. UU. lanza un último ultimátum a Teherán mientras despliega la mayor fuerza bélica en la región desde 2003, exponiendo las contradicciones de su política exterior.
En una reunión de la Junta de Paz —la coalición diseñada por su administración para estabilizar Oriente Medio— el presidente Donald Trump entregó el jueves lo que parece ser su advertencia final a Irán. Sin embargo, el mensaje dejó al descubierto una dualidad inquietante: el mismo líder que clama por la paz regional está sentando las bases para lo que podría ser la mayor campaña aérea estadounidense en décadas.
Una política de impulsos opuestos
El actual impasse entre Washington y Teherán se ha convertido en el máximo exponente de las contradicciones en el segundo mandato de Trump. Por un lado, la Casa Blanca insiste en que su preferencia es una «solución diplomática» para desmantelar el programa nuclear iraní. «Sería muy prudente que Irán alcanzara un acuerdo», señaló un alto funcionario el pasado miércoles.
No obstante, la retórica agresiva cuenta otra historia. Trump ha ordenado una acumulación de tropas y recursos en Oriente Medio que los analistas comparan con los preparativos de la guerra de Irak en 2003. Esta disposición al uso de la fuerza —a menudo sin aprobación previa del Congreso— ya tiene un precedente cercano: la operación en Venezuela de enero pasado que culminó con la captura de Nicolás Maduro.
¿Negociación o guerra inminente?
A diferencia de casos anteriores, los objetivos estratégicos en Irán siguen siendo difusos. Aunque el régimen del ayatolá Ali Khamanei —debilitado por sanciones y protestas internas— ha mostrado apertura para negociar el enriquecimiento de uranio, las conversaciones están estancadas. Washington exige, además, el fin del programa de misiles balísticos y del apoyo a grupos aliados regionales, condiciones que Teherán se resiste a aceptar.
El dilema se profundiza al observar los resultados de acciones previas:
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El ataque de junio pasado: Trump asegura que dicha operación «destruyó» las instalaciones nucleares iraníes. Esto plantea la interrogante de por qué es necesario un nuevo ataque ahora y cuáles serían los nuevos objetivos.
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El factor Israel: Se espera que Israel se una a cualquier acción militar, tal como lo hizo el año pasado, lo que aumenta la volatilidad del escenario.
Las incógnitas del «día después»
Analistas internacionales advierten sobre la falta de claridad en los escenarios post-conflicto. Trump no ha detallado si busca un cambio de régimen o si Estados Unidos está preparado para las represalias iraníes contra bases estadounidenses en la zona.
Además, un conflicto prolongado pondría en riesgo otros proyectos clave de la administración, como los esfuerzos de la Junta de Paz para la reconstrucción de Gaza. Por ahora, el mundo observa si el ultimátum de Trump es una táctica de presión extrema o el preludio de una nueva y devastadora guerra.

