La reapertura parcial de la frontera sur de Estados Unidos al ganado mexicano ha reavivado una intensa disputa en el sector agrícola. Mientras que los productores mexicanos ven la medida como un respiro económico vital, diversos ganaderos estadounidenses advierten sobre los riesgos sanitarios y la presión a la baja en los precios locales.
Un plan de reapertura con tensiones sanitarias
La medida contempla la reapertura del punto fronterizo en Douglas, Arizona, para recibir ganado procedente del estado de Sonora, México. El comercio ganadero entre ambas naciones se ha visto interrumpido de manera intermitente desde noviembre de 2024 debido a la amenaza de la mosca barrenadora del Nuevo Mundo, cuyas larvas parásitas atacan al ganado vivo.
A pesar de que el cierre fronterizo se había ratificado en julio de 2025, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) decidió seguir adelante con la apertura en Sonora. Esta decisión se mantuvo incluso después de que la entidad mexicana registrara recientemente su primer caso de infestación. La Secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, enfatizó en un artículo de opinión que la prioridad máxima sigue siendo proteger la cabaña ganadera estadounidense y que la reapertura se suspenderá de inmediato si se detecta una amenaza inminente.
Impacto económico y posturas encontradas
La decisión ha generado reacciones encontradas a lo largo de la cadena de suministro:
Ganaderos mexicanos: Líderes del sector en Chihuahua, como Álvaro Bustillos, señalan que el cierre casi destruyó sus negocios, provocó despidos masivos y generó pérdidas de hasta US$ 1.000 por animal.
Empacadoras y procesadoras de EE. UU.: La escasez de materia prima obligó a gigantes cárnicos como Tyson Foods a cerrar instalaciones en Illinois y Utah, ante la histórica falta de ganado provocada por años de sequía.
Productores independientes de EE. UU.: Representantes de organizaciones como R-CALF y la Asociación de Ganaderos de Estados Unidos (USCA) sostienen que las importaciones de ganado y carne más barata perjudican la producción nacional y presionan hacia abajo los precios del ganado estadounidense, que recientemente alcanzaron máximos históricos.
Contexto político y de mercado
La decisión gubernamental coincide con un periodo de alta inflación en el costo de vida y con la presión por el alza de los precios de la carne de res de cara a las elecciones de mitad de mandato de 2026. Aunque analistas agrícolas independientes señalan que los precios récord se deben principalmente a que el hato bovino estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 75 años, diversos sectores ganaderos consideran que las aperturas comerciales buscan mitigar la presión del mercado a expensas de los productores locales.

