En un ambiente de inusual sobriedad, Vladimir Putin ha utilizado el tradicional desfile del Día de la Victoria en la Plaza Roja para redoblar sus ataques contra Occidente. Durante su discurso, el mandatario ruso justificó la invasión de Ucrania —que ya se extiende por más de cuatro años— calificándola como una «guerra justa» frente a lo que describió como una agresión orquestada por la OTAN.
Ante cientos de militares, Putin vinculó directamente la lucha contra la Alemania nazi con la actual «operación militar especial»:
«La gran hazaña de la generación de vencedores inspira a los soldados de hoy. Se enfrentan a una fuerza agresiva armada y apoyada por todo el bloque de la OTAN. Y a pesar de ello, nuestros héroes siguen adelante».
Un desfile sin blindados ni misiles
Por primera vez en años, la exhibición de fuerza militar fue notablemente reducida. La Plaza Roja no vio pasar vehículos blindados ni misiles balísticos, una ausencia que subraya el impacto del conflicto y las estrictas medidas de seguridad implementadas por temor a ataques ucranianos.
Aunque el desfile contó con la marcha de numerosos destacamentos militares, el evento fue significativamente menor que el del 80.º aniversario celebrado el año pasado. En aquella ocasión, Moscú recibió a 27 líderes mundiales; este año, la lista de invitados internacionales fue reducida, destacando la presencia de:
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Alexander Lukashenko (Bielorrusia)
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Sultán Ibrahim (Rey de Malasia)
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Shavkat Mirziyoyev (Uzbekistán)
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Robert Fico (Primer Ministro de Eslovaquia), el único representante de la Unión Europea presente.
Un alto el fuego bajo sospecha
Las celebraciones ocurrieron en el marco de un alto el fuego de tres días anunciado el pasado viernes por el presidente estadounidense, Donald Trump. Sin embargo, la tregua nació frágil: apenas concluido el desfile, el Ministerio de Defensa ruso acusó a las fuerzas ucranianas de violar el acuerdo, aunque sin aportar pruebas concretas. Kiev, por su parte, no emitió comentarios inmediatos.
Propaganda y memoria en tiempos de guerra
Bajo el mandato de Putin, esta festividad —que conmemora los 27 millones de ciudadanos soviéticos fallecidos en la Segunda Guerra Mundial— se ha transformado en una potente herramienta de propaganda estatal.
Mientras que en ciudades como Vladivostok y San Petersburgo se mantuvieron marchas del «Regimiento Inmortal», en otras regiones los desfiles fueron cancelados por completo o trasladados al formato virtual. No obstante, la inestabilidad de la red de internet en varias zonas del país dificultó el seguimiento de estos eventos digitales.
Tras el acto central, Putin cumplió con la tradición de depositar flores en la Tumba del Soldado Desconocido, apelando a la resistencia del pueblo ruso: «Por mucho que cambien las tácticas militares, el futuro del país lo garantiza el pueblo», concluyó el líder ruso antes de retirarse a una recepción en el Kremlin.

