El Primer Ministro británico, Keir Starmer, confirmó este lunes que el Reino Unido está trabajando intensamente con sus aliados internacionales para diseñar un «plan viable» que permita la reapertura del estrecho de Ormuz. Estas declaraciones surgen tras una tensa llamada telefónica el domingo por la noche con el presidente estadounidense Donald Trump, quien ha presionado a Londres para que despliegue buques de guerra en la zona.
Presión desde Washington y cautela en Downing Street
La conversación entre ambos líderes se produjo en un momento crítico, con los precios del petróleo superando los 100 dólares por barril debido al bloqueo efectivo del estrecho por parte de Irán. Mientras que Trump utilizó sus redes sociales y la llamada directa para exigir que países como el Reino Unido, Francia, China y Japón envíen fuerzas navales para escoltar cargueros, Starmer ha optado por un enfoque más pragmático y multilateral.
«He hablado con el presidente Trump sobre la importancia de reabrir el estrecho para poner fin a la interrupción del transporte mundial, que está disparando los costes para las familias trabajadoras», señaló Starmer durante una ronda de preguntas con la prensa.
Las claves del plan británico
A pesar de la insistencia de Trump, el gobierno británico parece resistirse —por ahora— al envío directo de destructores o portaaviones, buscando evitar una escalada que arrastre al Reino Unido a un conflicto abierto con Teherán. En su lugar, el plan que se discute con aliados europeos y del Golfo incluye:
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Despliegue de tecnología submarina: El secretario de Energía, Ed Miliband, sugirió el uso de drones cazaminas para asegurar que las aguas estén libres de explosivos iraníes.
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Coalición internacional: Londres insiste en que cualquier acción debe ser colectiva y no únicamente liderada por Estados Unidos, involucrando a socios europeos para diversificar la responsabilidad política y militar.
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Defensa de infraestructuras: El Reino Unido mantiene su postura de utilizar sus fuerzas armadas para «fines defensivos» y proteger sus activos en la región, como la base de Diego García.
Una relación «transaccional»
La negativa inicial de Starmer a seguir ciegamente la estrategia de ataques de Trump ha generado fricciones. El presidente estadounidense llegó a sugerir que la falta de cooperación de los aliados en Ormuz tendría consecuencias para el futuro de la OTAN, calificando la relación como «unidireccional». Ministros británicos, como Pat McFadden, han respondido calificando la presidencia de Trump como «transaccional» y defendiendo la autonomía de Londres para decidir qué es lo mejor para el interés nacional.
El impacto económico ya se siente en las islas británicas, donde el gobierno ha anunciado ayudas millonarias para paliar los costes de calefacción derivados del alza del crudo. La resolución de la crisis en el estrecho, por el que pasa el 20% del petróleo mundial, sigue siendo la prioridad absoluta para evitar una recesión global profunda en 2026.

