John Ratcliffe se reunió con altos mandos cubanos para entregar un mensaje del presidente Donald Trump. Mientras tanto, las protestas aumentan en las calles de la capital por la falta absoluta de combustible.
En un movimiento diplomático tan sorpresivo como de alta tensión, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana para reunirse con su homólogo cubano en la sede del Ministerio del Interior. El encuentro se produce en un momento crítico para la isla, asfixiada por un bloqueo petrolero estadounidense que ha dejado al país completamente sin diésel ni fueloil, provocando apagones masivos y protestas callejeras.
Según fuentes oficiales de ambas naciones, la delegación estadounidense acudió con el objetivo de «entregar personalmente un mensaje del presidente Donald Trump». Durante la reunión, se abordaron temas de cooperación en materia de inteligencia, estabilidad económica y seguridad regional.
Un funcionario de la CIA declaró a la cadena CBS News que la postura de Washington es firme:
«Estados Unidos está dispuesto a abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero solo si Cuba realiza cambios fundamentales y deja de ser un refugio seguro para los adversarios en el hemisferio occidental».
Por su parte, el gobierno de La Habana emitió un comunicado asegurando que el encuentro fue un esfuerzo por mejorar el diálogo bilateral, reiterando a los funcionarios de la Casa Blanca que Cuba no representa ninguna amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Una oferta de ayuda bajo estrictas condiciones
La visita coincide con la renovación de una oferta por parte del Departamento de Estado de EE. UU. para otorgar 100 millones de dólares en asistencia humanitaria al pueblo cubano. Sin embargo, la propuesta incluye una condición inquebrantable: los recursos no pasarán por las manos del gobierno cubano, sino que deberán ser distribuidos en coordinación con la Iglesia Católica y otras organizaciones independientes de confianza.
La respuesta de las autoridades cubanas ha sido mixta:
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El presidente Miguel Díaz-Canel afirmó de manera tajante que, en lugar de ofrecer ayuda humanitaria condicionada, la situación de la isla se aliviaría de forma inmediata si Estados Unidos levantara el bloqueo petrolero.
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El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, se mostró más pragmático y declaró que Cuba está «dispuesta a escuchar los detalles de la propuesta y cómo se implementaría», aclarando que su gobierno no rechaza la ayuda exterior si es de buena fe, pero matizando que la vía más efectiva sería reducir las sanciones energéticas que se han intensificado drásticamente en los últimos meses.
La crisis de suministro es total. El ministro de Energía cubano, Vicente de la O Levy, reconoció ante los medios estatales que el sistema energético nacional está en un estado «crítico» tras quedarse completamente sin diésel y fueloil. Actualmente, los hospitales apenas pueden funcionar, y las escuelas y oficinas de gobierno permanecen cerradas.
Estallido social en La Habana y la sombra de una acusación judicial
La falta de luz y servicios básicos ha colmado la paciencia de la población. Tras el último gran apagón que afectó al este del país y a la capital, cientos de personas salieron a protestar a las calles de La Habana. Según reportes de agencias internacionales como Reuters y AFP, se registraron barricadas de basura en llamas y gritos de «¡Enciendan las luces!» en barrios como San Miguel del Padrón, en lo que ya se considera la noche de mayores manifestaciones desde que comenzó la crisis energética en enero.
El panorama diplomático se complica aún más en el ámbito legal. Paralelamente a las negociaciones, CBS News reveló que el Departamento de Justicia de EE. UU. se prepara para acusar formalmente al expresidente Raúl Castro y a su fallecido hermano Fidel Castro.
La causa penal está vinculada al derribo mortal, ocurrido hace 30 años (1996), de un avión civil pilotado por el grupo de ayuda humanitaria «Hermanos al Rescate» sobre aguas internacionales por parte de fuerzas militares cubanas.
A la reunión de alto nivel en La Habana asistió Lázaro Álvarez Casas (ministro del Interior), el jefe de los servicios de inteligencia de la isla y, de manera notable, Raúl Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro, lo que demuestra la relevancia familiar y política que el gobierno cubano otorgó al sorpresivo encuentro con el jefe de la CIA.

