Donald Trump se convirtió este lunes en el primer presidente estadounidense en ejercicio en asistir a las Finales de la NBA, un hito histórico que se vio empañado por un sonoro abucheo de los asistentes en el Madison Square Garden.
El descontento del público estalló cuando el mandatario apareció en las pantallas gigantes del estadio saludando durante el himno nacional. Previamente, miles de aficionados habían soportado colas de más de dos manzanas debido al drástico despliegue de seguridad.
Caos logístico y pérdidas comerciales
La llegada de Trump en el Marine One paralizó el centro de Manhattan, provocando el cierre de calles y un control policial estilo aeropuerto a cargo de la policía de Nueva York y el Servicio Secreto.
Las consecuencias de este operativo se sintieron con fuerza en los alrededores:
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Negocios vacíos: Las barreras metálicas impidieron el paso de peatones, dejando vacíos los bares de la zona en una de las noches más lucrativas del año.
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Eventos cancelados: La tradicional fiesta oficial para aficionados a las afueras del estadio tuvo que ser suspendida por motivos de seguridad, obligando a miles de seguidores a desplazarse a Bryant Park.
«Las estrictas medidas están arruinando el ambiente de los Knicks; es muy irritante», declaró un aficionado de 44 años a la BBC.
Sin embargo, no toda la recepción fue negativa. Anthony Pulley, un seguidor de 43 años, comentó a la AFP que, aunque la interrupción fue molesta, «es genial que el presidente quiera venir y ser parte de esto».
Una final de infarto y entradas por las nubes
En lo deportivo, los New York Knicks —que juegan sus primeras finales desde 1999— cayeron 111-115 ante los San Antonio Spurs en el tercer partido de la serie, reduciendo su ventaja general a 2-1. El encuentro atrajo a una constelación de celebridades a pie de pista, como Timothée Chalamet, Tina Fey, Ben Stiller y el alcalde Zohran Mamdani.
La expectación de la ciudad ha sido máxima, con los rascacielos iluminados de azul y naranja, a pesar de que la locura por el equipo ha disparado la reventa de entradas por encima de los 10.000 dólares (e incluso los 100.000 dólares en zonas VIP).
Al ser cuestionado días antes por los desorbitados precios, Trump se limitó a responder: «Así es la vida. Es casi gratis verlo por televisión». Tras el pitido final y los abucheos recibidos, el mandatario restó importancia a la hostilidad de su ciudad natal asegurando a la prensa: «Creo que hubo sobre todo vítores. Fueron fuertes y muy entusiastas».

