El presidente Xi Jinping recibió a Donald Trump con una imponente ceremonia en el Gran Salón del Pueblo, marcando el inicio de una visita de Estado que busca redefinir las relaciones entre las dos superpotencias rivales. Entre salvas de cañones, guardias de honor y elogios mutuos, ambos mandatarios intentan proyectar una imagen de cercanía que contrasta con años de retórica agresiva y conflictos arancelarios.
A pesar del afecto mostrado por Trump, quien calificó a Xi como un «gran líder» y describió a China como «hermosa», persisten temas críticos que amenazan la estabilidad global.
El ascenso de China y la «segunda capital del mundo»
La visita no solo tiene un fin diplomático, sino que funciona como una demostración de fuerza por parte de Pekín. Analistas señalan que el ascenso de China como un rival legítimo de Estados Unidos es ya una realidad palpable.
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Poder económico: China produce actualmente un tercio de los bienes mundiales.
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Control de recursos: El país procesa más del 90 % de los minerales de tierras raras y fabrica entre el 60 % y el 80 % de las tecnologías de energía renovable y vehículos eléctricos.
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Influencia global: Líderes de países como Canadá, Reino Unido y Alemania han buscado acuerdos con Pekín, viéndolo como un eje de estabilidad frente a la volatilidad política estadounidense.
Taiwán e Irán: Las fichas sobre el tablero
Bajo la superficie de los banquetes y la fanfarria, se negocian cuestiones espinosas donde China parece tener una posición de ventaja:
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El conflicto en Irán: Con el estrecho de Ormuz bloqueado y la economía mundial afectada, Trump busca que Pekín —principal socio comercial de Teherán— interceda para reabrir el corredor marítimo.
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La advertencia sobre Taiwán: Xi Jinping ha dejado claro que las tensiones en torno a la isla autónoma podrían derivar en un conflicto. Pekín podría presionar para frenar la venta de armas de EE. UU. a Taipéi, un tema que genera gran nerviosismo en la región.
Una delegación empresarial de alto nivel
A diferencia de visitas anteriores, el enfoque de Trump esta vez se centra en la economía. El mandatario llegó acompañado por una delegación de 30 directores ejecutivos, entre los que destacan Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang (Nvidia).
El objetivo central de Trump es presionar para que China abra sus puertas a más empresas estadounidenses, intentando sustituir la frágil tregua arancelaria —que el año pasado superó el 100 % en ambas direcciones— por un acuerdo más sólido y favorable para Washington.
«Estamos presenciando un cambio histórico», afirmó John Delury, investigador de la Asia Society, al observar cómo Pekín se consolida como el otro gran polo de poder mundial.

