En un emotivo acto litúrgico cargado de sobriedad y memoria histórica, familiares, amigos y antiguos compañeros de armas de los militares caídos en la gesta del 3 de octubre de 1989 se congregaron este sábado en la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, en Carrasquilla, para conmemorar el 37.º aniversario de la denominada Masacre de Albrook.
Durante la eucaristía, los asistentes recordaron con honor y dignidad a los oficiales y clases de las Fuerzas de Defensas que, liderados por el mayor Moisés Giroldi, protagonizaron un alzamiento militar en un intento desesperado por restaurar la democracia, apartar del poder al dictador Manuel Antonio Noriega y aplicar correctivos institucionales ante el progresivo deterioro político, social y económico que sofocaba a Panamá.
A pesar del paso de casi cuatro décadas, la huella del trágico desenlace —que culminó con la captura, tortura y posterior ejecución de Giroldi y diez de sus compañeros— permanece indeleble en la conciencia colectiva de la nación. Durante las lecturas y reflexiones del oficio religioso, se enfatizó el valor moral de quienes decidieron arriesgarlo todo por el futuro del país, enfrentando el aparato represivo del régimen autoritario.
Representantes de los familiares expresaron que el tiempo no ha borrado el dolor, pero sí ha servido para consolidar la dignidad de los caídos.
Hoy, con la perspectiva que brinda la historia, la figura de estos hombres es reivindicada como el último intento interno por devolverle la institucionalidad a la república, antes del desenlace fatal del 20 de diciembre de ese mismo año.
La conmemoración concluyó con una colocación floral simbólica y un llamado a las nuevas generaciones para mantener viva la memoria histórica, asegurando que la verdad sobre las atrocidades del periodo dictatorial siga sirviendo como garantía para la preservación de la democracia panameña

