La nueva ordenanza municipal de Arraiján que sanciona con 100 dólares los ruidos excesivos producidos por animales domésticos ha dividido a la comunidad. Mientras algunos vecinos celebran la medida como una forma de garantizar la tranquilidad en las zonas residenciales, otros la consideran una imposición injusta que criminaliza el comportamiento natural de los perros. Los defensores de la norma argumentan que es necesario regular los ruidos molestos para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes. Por su parte, los detractores señalan que la medida es difícil de aplicar y que podría generar un clima de hostilidad entre vecinos.
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