Una sola hectárea de manglar puede almacenar hasta cuatro veces más carbono que un bosque tropical terrestre, lo que convierte a estos ecosistemas en uno de los mayores reservorios naturales de carbono azul del planeta.
En Panamá, esta capacidad cobra especial relevancia frente a la crisis climática, al posicionar a los manglares como uno de los principales activos naturales del país en la lucha contra el cambio climático, gracias a su función como grandes reservorios de carbono azul que puede permanecer almacenado durante largos periodos en su vegetación y, especialmente, en sus suelos.
Con aproximadamente 183,774 hectáreas de manglares distribuidas en ambas costas, Panamá se ubica entre los países con mayor capacidad de conservación de carbono costero en la región, gracias a ellos, estos ecosistemas son un componente estratégico dentro de las políticas nacionales de mitigación climática.
Digna Barsallo, Directora Nacional de Costas y Mares de MiAMBIENTE, aseguró que el carbono azul almacenado en los manglares reduce la concentración de gases de efecto invernadero a la vez que representa una oportunidad para el país en términos de financiamiento climático, conservación y desarrollo sostenible, en un panorama global donde los ecosistemas naturales comienzan a valorarse como activos ambientales medibles.
Sin embargo, esta capacidad se ha visto amenazada. Se estima que Panamá ha perdido cerca del 50% de su cobertura original de manglares en los últimos 50 años, principalmente por la expansión de actividades agroindustriales, desarrollo inmobiliario no planificado y fuentes de contaminación, reduciendo su potencial como sumideros de carbono y debilitando su función como barreras naturales frente a eventos extremos.
El país ha trabajado en mantener este valioso posicionamiento internacional en esta materia a través de iniciativas de conservación y restauración, así como su participación en mecanismos globales vinculados al carbono azul.
Ejemplo de ello es que Panamá está en la fase de construcción del Capítulo Nacional de la Alianza Global de Manglares, una iniciativa en el marco del proyecto Patrimonio Natural Azul, liderado por National Audubon Society y la Sociedad Audubon de Panamá, que busca crear una ruta de protección, restauración y uso sostenible de estos ecosistemas.
Además, se está iniciando el proceso para robustecer el marco de gobernanza para la conservación de manglares, mediante la homologación de las diversas normas de manglar de la mano de IPOS (Plataforma Internacional para la Sostenibilidad Oceánica), trabajando con un grupo de expertos para llevar las consultas a todos los sectores posibles, poniendo por delante la protección y la resiliencia costera de los ecosistemas de manglar, con miras a que podamos recuperar 1,800 hectáreas en los próximos 3 años.
Actualmente, la nación cuenta con el reconocimiento de los manglares dentro de los seis humedales panameños inscritos como sitios RAMSAR, de importancia internacional por su valor ecológico y su papel en el mantenimiento de la biodiversidad. Entre ellos están: Bahía de Panamá, Golfo de Montijo, Punta Patiño, Damani-Guariviara, San San Pond Sak y Complejo de Humedales de Matusagaratí, este último declarado Parque Nacional en marzo de 2025.
Barsallo explicó que los manglares mantienen redes biológicas complejas donde aves costeras y mamíferos, como el manatí, encuentran zonas de alimentación y reproducción, afianzando su papel en la estabilidad ecológica.
El marco legal e institucional que respalda la protección de los manglares y demás humedales costeros en Panamá se sustenta en la Ley 41 de 1998, General de Ambiente. Ademas, en la Ley 304 de 2022, que establece la protección integral de los arrecifes coralinos, los pastos marinos y los ecosistemas marino-costeros asociados y mecanismos de gestión dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP).

