Durante años, el Presupuesto General del Estado panameño ha sido utilizado como una herramienta política, desviado de su propósito principal: atender las necesidades de la población. La búsqueda de réditos electorales y favores partidistas ha prevalecido sobre el interés nacional, resultando en un despilfarro de recursos públicos y una deteriorada imagen internacional.
La crisis económica actual ha puesto de manifiesto las consecuencias de esta mala gestión. Miles de millones de dólares se han invertido sin un retorno tangible en términos de servicios públicos, infraestructura o calidad de vida. Es hora de cambiar esta realidad y exigir un presupuesto que priorice las necesidades del pueblo.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha asumido un rol protagónico en la elaboración de un presupuesto más transparente y eficiente. Sin embargo, este esfuerzo debe ser respaldado por todos los sectores de la sociedad. Es fundamental que la ciudadanía, los empresarios y los líderes sociales exijan un presupuesto que:
- Priorice las necesidades básicas: Salud, educación, seguridad y desarrollo social deben ser los pilares de cualquier presupuesto responsable.
- Sea transparente y rendidor de cuentas: Cada centavo del erario público debe ser invertido de manera eficiente y transparente, evitando la corrupción y el clientelismo.
- Promueva el desarrollo sostenible: El presupuesto debe impulsar proyectos que garanticen un futuro sostenible para las próximas generaciones.
- Fortalezca la economía nacional: Se deben priorizar las inversiones que generen empleo y promuevan el crecimiento económico.
La aprobación de una Ley de Responsabilidad Fiscal sólida y el compromiso de todos los actores involucrados son fundamentales para garantizar que el presupuesto se convierta en una herramienta al servicio del pueblo panameño.
Es momento de dejar atrás las prácticas corruptas y construir un futuro mejor para Panamá. Un futuro donde el presupuesto sea un instrumento de transformación social y económica, y no un botín político.

