julio 22, 2024

Síndrome del Cuidador: Agotamiento físico y emocional

La atención y el cuidado de un familiar enfermo o una persona en estado crítico que se ve obligada a permanecer postrada, recae con frecuencia en sus seres queridos, como hijos, esposas o padres. Sin embargo, esta noble labor puede acarrear graves consecuencias para la salud física y mental del cuidador, derivando en el denominado «síndrome del cuidador».

La Licenciada Carmen Ariza, psicóloga de la Unidad Local de Atención Primaria en Salud (Ulaps) Sra. Lastenia Canto Solís en Capira, explica que este síndrome se caracteriza por un profundo agotamiento físico y emocional debido al estrés constante que implica la atención permanente de un paciente encamado.

«El cuidador se ve sometido a una carga física y emocional considerable», afirma la Licenciada Ariza. «Las tareas de movilización, alimentación, higiene y soporte vital del paciente, junto a la preocupación por su bienestar, generan un desgaste significativo que puede derivar en insomnio, depresión, inapetencia, desinterés por actividades cotidianas, aislamiento social, descuido personal y hasta cambios de humor y altos niveles de estrés y ansiedad».

La psicóloga distingue dos tipos de cuidadores: el formal, que recibe una remuneración económica por sus servicios profesionales, y el informal, generalmente un familiar cercano que no recibe compensación económica. Este último, según la Licenciada Ariza, «es el más propenso a sufrir los efectos negativos del síndrome del cuidador, ya que no cuenta con el apoyo emocional y financiero que sí puede tener el cuidador formal».

Ante este panorama, la Licenciada Ariza resalta la importancia del autocuidado para el cuidador, como medida fundamental para mantener su salud física y mental y poder brindar una mejor atención al paciente.

Entre las recomendaciones para el autocuidado, la psicóloga enumera:

  • Compartir las tareas de cuidado: Distribuir la responsabilidad entre varios cuidadores, estableciendo horarios de atención para aliviar la carga individual.
  • Dormir lo suficiente: Dedicar al menos 7-8 horas diarias al sueño para permitir la recuperación física y mental.
  • Salir de casa y mantener relaciones sociales: Planificar actividades fuera del hogar para desconectar del entorno de cuidado y mantener contacto con amigos y familiares.
  • Realizar actividades físicas: Dedicar tiempo a la práctica de ejercicio físico para liberar el estrés y mejorar el estado de ánimo.
  • Cuidar la alimentación: Mantener una dieta saludable y equilibrada que aporte la energía necesaria para las tareas diarias.
  • Delegar responsabilidades: En la medida de lo posible, delegar tareas domésticas o personales a otras personas para liberar tiempo para el cuidado personal.
  • Buscar ayuda profesional: Si el estrés y la ansiedad son demasiado intensos, no dudar en buscar apoyo psicológico para aprender técnicas de manejo del estrés y fortalecer las habilidades emocionales.

La Licenciada Ariza concluye enfatizando que «el cuidado de un familiar en estado crítico es una tarea noble y gratificante, pero que exige un gran esfuerzo físico y emocional. El autocuidado es fundamental para que el cuidador pueda mantener su propia salud y bienestar, y en consecuencia, brindar una mejor atención al paciente a su cargo».

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