marzo 1, 2024

El cake de los Claudio

Por Claudio Herrera J.

Docente de Periodismo. Universidad de Panamá

Cada primero de abril, cuando mi agenda lo permitía, los Claudio conciliábamos nuestras voces con un par de prácticas de entonación del (ha)jaaa…pyyy…(happy birthday), antes que la maestra Odey colocara tres velas, hechas con la maña de no apagarse con el primer soplo, en un cake de praliné para chuparse los dedos.

En ese mes de fogoso clima en Santiago de Veraguas, el matrimonio Herrera-Jiménez, en Avenida Sur, acicalaba su tradicional vajilla de porcelana con ribetes dorados de pétalos bifurcados, para celebrar el onomástico de padre, hijo y nuero (John), de cumpleaños en día y mes coincidentes.

Mi hermana Odey (Q.e.p.d), acuciosa y puntual en las ensaladas y en los detalles familiares, preparaba una ensalada de brócoli, esparcido en trocitos, al que añadía tomates de corte Juliana, dando a la mesa una apetecible oferta culinaria.

Y antes de abordar los bocados con los preferidos bombones de chocolate, galletas surtidas y caramelos de menta, mamá nos invitaba a la oración para dar gracias a Dios por un año más. Y así, tras impetrar sobre la armonía familiar, concitaba emociones en los cumpleañeros y en algún invitado(a):” Sin El y la virgen María no hay caminos de vida”. Y tras esto, rezaba el Padre Nuestro y un Ave María. Mi otra hermana, Lourdes, llamaba desde los Estados Unidos, donde reside para cantarnos.

No pocas veces hubo pernil asado, marinado con jugo de naranja agria o lomo redondo o mulato con salsa de ajíes criollos que preparaba Maura, una diligente y laboriosa mesana puntual que no vacilaba en aclarar que ella si usaba palo de nance en su fogón de leña.

Una jarra cilíndrica con piña colada permite que los invitados surtieran y refrescarán el garganchón a lo que se sumaba un abanico de cuatro aspas y tres velocidades, que colgaba en el techo la sala rectangular, populares en los chalets de 1960.  Había nueces y almendras en pequeños tazones de vidrio Made in China. Y en otros, galletas Danks, dinamarquesas, surtidas y perseguidas hasta que solo quedaban las brusquitas.

Mamá traía el buen humor con los dichos de su abuelo Tomàs Jiménez, a quien describía como un hombre imperturbable, alto y delgado, de grandes mostachos que le quedaban blanquecinos cuando tomaba leche de apoyo. “A lo hecho, pecho” “No da pie con bola” ……

El cake tenía que ser como la providencia, decía mi madre. Y así, la mujer del bisturí, como le decíamos entre risas, lograba cortar el pastel de manera providencial y asegurar el pedazo para mi hermano Chencho, los vecinos Ortiz, la amiga y vecina Olga y sus colegas maestros Nimia y Luisa que apostaron por la enseñanza. También incluía en la repartición (para llevar) a los esposos Pardo de una entrañable amistad con mis padres.

Hace más de una década que mi padre falleció. Igual no está de manera física mi hermana Odey, quien, junto a mi madre, fallecida el pasado diciembre, me despertaba cada primero de abril para darme un querido y feliz cumpleaños. Hoy, los tengo presentes en mi corazón y, dentro de mis luchas humanas de imperfecciones, digo a mi padre:

“Esta felicitación es por ese cumpleaños que compartimos, por tus risas, anécdotas y ese entrañable amor que nos prodigaste”.

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1 pensamiento sobre “El cake de los Claudio

  1. Excelente reseña. Yo tengo tres Claudias: Mi mamà, mi hija y una nieta. Felicitaciones y que Dios te conceda muchos años màs, llenos de buena salud.

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