junio 23, 2026

«Fue conmovedor saber que esas eran las últimas imágenes que tomó»: Las íntimas fotos finales de Marilyn Monroe

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Una mujer posa en la playa de Santa Mónica bajo la brisa marina que le revuelve el cabello rubio. Envuelta en una toalla verde y en prendas de punto, se muestra radiante, juguetona y extrañamente libre. En la última toma de la sesión, aparece acurrucada en la arena, entrelazando las manos en un gesto que emula un beso cariñoso a la cámara.

Nadie sospechaba entonces que esos retratos, capturados por el fotógrafo George Barris, serían las últimas imágenes en vida de la legendaria Marilyn Monroe. Pocas semanas después, en la madrugada del 5 de agosto, el mayor icono de Hollywood fue hallada muerta en su casa de Los Ángeles a los 36 años.

Hoy, 1 de junio de 2026, en el centenario de su nacimiento, esas fotografías cobran un nuevo y emotivo significado como parte de la gran exposición internacional Marilyn Monroe: Un retrato, inaugurada en la National Portrait Gallery (NPG) de Londres.

El arte de construir un mito

La muestra de la NPG, comisariada por Rosie Broadley y Georgia Atienza, propone un viaje cronológico por la evolución de la actriz, alejado de los clichés habituales que prometen revelar «la verdad detrás del mito». En su lugar, la exposición destaca cómo Norma Jeane Mortenson utilizó la fotografía de forma astuta para moldear su propia identidad estelar.

«A través de su trayectoria con los diferentes fotógrafos con los que trabajó, su imagen se desarrolló y evolucionó, y se convirtió en la persona que aspiraba a ser: la gran estrella Marilyn Monroe», explica Broadley a la BBC.

La exposición incluye obras de figuras clave como Eve Arnold, Cecil Beaton y Andy Warhol, además de reservar un espacio íntimo para seis de las imágenes que George Barris tomó en Santa Mónica.

Refugio contra la ansiedad en un año turbulento

El año 1962 fue especialmente caótico para la actriz. Atravesaba el fin de su tercer matrimonio con el dramaturgo Arthur Miller, sufría el escrutinio de los medios tras una drástica pérdida de peso por una cirugía de vesícula, y lidia con una dura reputación de ser «difícil» en los platós, provocada en realidad por su insomnio crónico y su adicción a los medicamentos recetados. Apenas un mes antes de la sesión con Barris, la productora 20th Century Fox la había despedido de la película Something’s Got to Give y la había demandado por daños y perjuicios.

Frente al acoso mediático, Monroe contraatacó con su propia campaña de relaciones públicas a través de sesiones fotográficas con cabeceras como Vogue (por Bert Stern) y Life (por Allan Grant). Los retratos de Barris, destinados originalmente a la revista Cosmopolitan, formaban parte de este esfuerzo de rehabilitación.

«Está intentando darse a conocer y rehabilitar su imagen», señala la cocomisaria Georgia Atienza. «Para ella, las sesiones de fotos solían ser una forma de lidiar con mucha ansiedad».

Un regreso a la infancia

La elección de la playa no fue casual. La costa californiana albergaba los pocos recuerdos felices de su infancia, como una fotografía antigua donde se le ve descalza junto a su madre Gladys, antes de que esta sufriera la crisis nerviosa que arrastraría a Marilyn a orfanatos y hogares de acogida.

Gracias a la colaboración de Caroline Barris, hija del fotógrafo y gestora de su archivo, la NPG ha tenido acceso a descartes inéditos de la sesión. «Se puede ver claramente a Monroe divirtiéndose, corriendo y casi bailando con las olas. Fue bastante conmovedor, sabiendo que esas fueron las últimas imágenes que tomó», confiesa Atienza.

Un legado inmortalizado en el Arte Pop

Tras la impactante noticia de su muerte, Cosmopolitan canceló la publicación de las fotos. Sin embargo, el diario británico The Daily Mirror adquirió los derechos y los retratos terminaron viendo la luz en la revista de estilo de vida Town en noviembre de 1962. Esas imágenes de Santa Mónica inspiraron de inmediato piezas fundamentales del pop art británico, como Colour Her Gone (1962) de Pauline Boty y My Marilyn (1965) de Richard Hamilton, obras que hoy pertenecen a la propia colección de la National Portrait Gallery.

A diferencia de otros fotógrafos de la época, Barris no buscaba la mera sensualidad de la actriz. «Parece que simplemente se centra en su espíritu juguetón y en ella misma», apunta Broadley. De hecho, el fotógrafo quedó tan impactado por la vitalidad de la actriz durante esos días que, conmocionado por su muerte, se mudó a París durante dos décadas, convencido de que Marilyn nunca se habría suicidado.

Décadas más tarde, en 1986, Barris publicó las fotos en el libro Marilyn, junto a la escritora y activista feminista Gloria Steinem, quien dedicó unas líneas que resumen el sentir de la actual exposición:

«En estas fotografías, el énfasis en el cuerpo parece más bien el hábito de un yo del pasado. Es su rostro lo que miramos. Ahora que conocemos el final de la historia, es a la mujer real a quien esperamos encontrar, reflejada en los ojos de Marilyn».

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