Muere a los 79 años la aclamada soprano británica Dame Felicity Lott
Londres – El mundo de la música clásica está de luto tras el fallecimiento de Dame Felicity Lott, una de las sopranos más queridas y respetadas de Gran Bretaña, quien murió el pasado 15 de mayo a los 79 años de edad.
Su deceso se produce poco después de una conmovedora entrevista concedida a la BBC, en la cual la propia artista anunció públicamente que le habían diagnosticado un cáncer terminal. Según informó su agente, la cantante afrontó la enfermedad «con gran dignidad y aceptación», manteniendo su característica «elegancia y distinción hasta el final».
Cuatro décadas de brillantez absoluta
Nacida el 8 de mayo de 1947 en Cheltenham, Felicity Lott demostró un talento musical prodigioso desde su infancia: a los cinco años ya tocaba el piano y a los doce dominaba el violín y el canto. Tras formarse en la Real Academia de Música, su gran oportunidad llegó en 1975, cuando debutó en la ópera sustituyendo a última hora al personaje de Pamina en La flauta mágica de Mozart, un papel revelación que catapultó su carrera.
A partir de ese momento, forjó una trayectoria internacional que abarcó cuatro décadas. Su voz brilló en los teatros de ópera y salas de conciertos más importantes del mundo, donde se convirtió en una intérprete de referencia para las obras de compositores como:
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Richard Strauss
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Wolfgang Amadeus Mozart
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Franz Schubert
En su tierra natal, era una figura sumamente popular gracias a sus frecuentes apariciones en televisión y sus memorables actuaciones en los prestigiosos festivales BBC Proms. Su incalculable contribución a la música le valió ser nombrada Dama del Imperio Británico en 1996, además de recibir la Legión de Honor, el máximo galardón cultural de Francia.
Un legado de calidez y humanidad
Más allá de su incuestionable virtuosismo técnico, el entorno de la soprano ha querido destacar su inmensa calidad humana. En declaraciones a la BBC, su agente expresó el sentir de la comunidad artística:
«En su trabajo, era sublime; se entregaba a cada interpretación con precisión, profundidad y belleza. Pero fue su humanidad y bondad lo que realmente conmovió a la gente… Echaremos de menos su calidez, su chispa y su glorioso sentido del humor autocrítico».
Con la partida de Dame Felicity Lott, la ópera pierde no solo a una de sus voces más distinguidas y precisas, sino también a una personalidad profundamente humana que dejó una huella imborrable tanto dentro como fuera del escenario.