junio 23, 2026

León XIV es el nuevo Papa

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El cardenal estadounidense Roberto Francisco Prevost ha sido elegido como el nuevo obispo de Roma. Su primer mensaje desde la Plaza de San Pedro estuvo marcado por una sonrisa y un saludo emocionado a la multitud de fieles presentes.

«La paz esté con todos ustedes. Queridos hermanos y hermanas», comenzó el pontífice, recordando las palabras de Cristo resucitado, el «buen pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios». Extendió su saludo de paz a cada corazón, familia, persona y rincón del mundo.

Visiblemente emocionado, con lágrimas en los ojos, el nuevo Papa hizo una pausa antes de continuar: «Esta es la paz de Cristo resucitado: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, que proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente».

Recordando a su predecesor, el Papa Francisco, mencionó: «Todavía conservamos en nuestros oídos a esa voz débil, pero siempre valiente, del Papa Francisco, que bendecía a Roma y al mundo entero aquella mañana de Pascua». Asumiendo la continuidad de esa bendición, afirmó con convicción: «Dios nos ama. El mal no prevalecerá. Todos estamos en manos de Dios. Por tanto, sin miedo, unidos, de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante».

El Santo Padre enfatizó el papel de los creyentes como «discípulos de Cristo», quien «va delante de nosotros». Reconoció la necesidad del mundo de la «luz» de Cristo y de un «puente» hacia Dios y su amor, llamando a la unidad: «Ayudémonos los unos a los otros a construir puentes, a través del diálogo y el encuentro. Unámonos todos para ser un solo pueblo, en un único mundo». También expresó su gratitud al Papa Francisco.

Dirigiéndose a los cardenales que lo eligieron, agradeció la confianza depositada en él para «ser sucesor de Pedro y caminar con ustedes como una Iglesia unida, buscando siempre la unidad, la paz y la justicia». Con un llamado a la acción, instó: «Trabajemos como hombres y mujeres fieles a Jesús, sin miedo para proclamar el Evangelio, para ser misioneros».

Recordando su origen agustino, citó la célebre frase: «Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo», expresando su creencia en la posibilidad de «caminar juntos hacia la patria que Dios nos ha preparado».

En un saludo especial a Roma, manifestó su deseo de «buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, con los brazos abiertos para todos, especialmente hacia quienes necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor».

Tuvo también un recuerdo para el Perú, donde «un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha entregado tanto por seguir a Cristo».

Extendiendo su saludo a «todos ustedes, hermanos y hermanas de Roma, de Italia, del mundo», delineó su visión de una «Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que siempre busca la paz, la caridad, que busca estar con los más frágiles».

En el día de la súplica a la Virgen de Pompeya, invocó a «nuestra Madre María, que siempre camina con nosotros, nos acompaña, nos ayuda con su intercesión y con su amor», invitando a la oración conjunta por su nueva misión, por toda la Iglesia y por la paz en el mundo. Recitaron juntos el Ave María.

Finalmente, el Santo Padre impartió su bendición a los fieles presentes y a quienes la recibieron a través de los medios, concediendo la indulgencia plenaria. Concluyó su mensaje con una oración por la vida del Papa, la guía de la Iglesia y la paz y unidad en todo el mundo, invocando la intercesión de los santos apóstoles Pedro y Pablo, la Beata María siempre Virgen, San Miguel Arcángel y San Juan.

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