octubre 30, 2026

Machado y González se marcan distancia del nuevo diálogo con el chavismo

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Dos años después de las controvertidas elecciones presidenciales denunciadas como fraudulentas, la oposición venezolana afronta una nueva mesa de negociación con el chavismo en un escenario marcado por profundas fracturas internas. Mientras un sector asumirá las conversaciones, la ala liderada por María Corina Machado y el excandidato Edmundo González Urrutia ha optado por marcar distancia del proceso.

A través de un comunicado, Machado y González aclararon que tomarán distancia sin interponerse, condicionando su evaluación del diálogo a la obtención de «logros concretos y verificables». Entre sus exigencias destacan la recuperación de instituciones democráticas, la liberación de presos políticos y el trazado de un cronograma electoral sin exclusiones.

Un nuevo tablero político con respaldo de EE. UU.

La delegación opositora en la mesa estará encabezada por Dinorah Figuera, exdiputada que retornó al país tras años de exilio y que cuenta con el respaldo estratégico del gobierno de Estados Unidos —actor clave en la política local tras la captura del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero—. Frente a ella estará la representación chavista, liderada por Jorge Rodríguez, titular de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.

A pesar del despliegue, persiste la incertidumbre: Figuera aún no ha confirmado a los 10 delegados que la acompañarán, y no existe constancia pública de contactos previos entre su entorno y el grupo de Machado.

Analistas políticos señalan que la dinámica actual responde tanto a la estrategia oficialista como a la del gobierno estadounidense:

  • Reconocimiento del interlocutor: Para el politólogo John Magdaleno, el chavismo ha logrado identificar a un sector opositor que sí está dispuesto a reconocer como interlocutor válido, dada su explícita resistencia a sentarse con Machado.

  • Competencia de narrativas: El politólogo Ricardo Sucre sostiene que los sectores de Machado y Figuera están compitiendo abiertamente. A juicio de Sucre, Washington no priorizó al sector de Machado, lo que generó un proceso de exclusión pero también de autoexclusión, dado que la retórica implacable de Machado limita su margen de flexibilidad negociadora ante sus propios partidarios.

Reacciones y voces de la dirigencia

Pese al distanciamiento, diversos actores advierten sobre el riesgo de marginar al sector mayoritario que representa Machado:

«Una negociación que excluya a Machado, y lo que representa, está condenada a fracasar.»

— Henrique Capriles, excandidato presidencial.

Por su parte, Figuera intentó tender puentes asegurando que la líder opositora «es muy importante en este proceso» y convocó a todos los sectores democráticos a partir del 1 de agosto. Este gesto sintoniza con declaraciones del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, quien destacó que Machado representa un elemento fundamental de la sociedad venezolana que debe ser tomado en cuenta.

Apatía social y retos de la transición

Entre la ciudadanía venezolana predomina un clima de apatía y desconfianza, producto de múltiples procesos de diálogo fallidos en el pasado.

Magdaleno advierte que aún es prematuro hablar de una transición democrática real. Para que se consolide un cambio significativo, sostiene, debe darse primero la restitución de libertades civiles fundamentales, tales como la libertad de prensa, el derecho de reunión y la excarcelación de los presos políticos. La atención queda fija en las definiciones que se adopten a partir del 1 de agosto.

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