Apuntes sobre los retos del periodista panameño
Por Rigoberto Dumas Castillero
Esta fecha conmemora el fallecimiento del destacado periodista y poeta panameño Gaspar Octavio Hernández, quien murió el 13 de noviembre de 1918 mientras se encontraba en la redacción del diario La Estrella de Panamá.
Se le considera una figura emblemática y el padre del periodismo panameño. Falleció mientras redactaba un editorial en defensa de los símbolos patrios y el idioma español.
Es tradición que se realicen actos conmemorativos, como la colocación de una ofrenda floral en el busto de Gaspar Octavio Hernández y una romería en su honor en el Cementerio Amador.
El día es una ocasión para reconocer el compromiso, la ética y la labor esencial de los periodistas en la sociedad panameña, especialmente en la lucha por la verdad y la información responsable.
La conmemoración también recuerda la evolución de la educación periodística en el país, incluyendo la creación de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá en 1961.
El periodismo en Panamá, al igual que en muchas partes del mundo, enfrenta una serie de desafíos complejos que combinan presiones tradicionales con las realidades de la era digital.
La presión judicial y legal es el desafío más grave y persistente, afectando directamente la libertad de prensa y la viabilidad económica de los medios:
El principal problema contra los medios de comunicación social y los periodistas es el uso de demandas civiles y penales por injuria y calumnia por parte de figuras públicas (políticos, exfuncionarios) para silenciar a los medios de comunicación y a periodistas independientes.
La legislación panameña permite el secuestro preventivo de bienes (embargos) de medios impresos y digitales al inicio de los procesos judiciales, incluso antes de que se presenten pruebas, poniendo en riesgo su existencia financiera.
En muchos procesos civiles por calumnia e injuria, no se aplica el principio de la «real malicia» (la obligación de demostrar que el medio actuó con conocimiento de que la información era falsa o con temerario desprecio por la verdad). Esto deja las decisiones al criterio de los jueces y facilita los fallos costosos contra los medios.
Persisten normativas que criminalizan la difamación o limitan el acceso a la información pública, lo que fomenta la autocensura entre los periodistas.
La sostenibilidad financiera de los medios está bajo amenaza, lo que influye en su independencia editorial: El modelo de negocio tradicional se ha debilitado por la migración de la publicidad a las plataformas digitales.
El reto de encontrar nuevos modelos de negocio, como las suscripciones digitales, y de concientizar a la audiencia de que el periodismo de calidad tiene un costo.
La transformación digital impone retos técnicos: Las redes sociales (donde los panameños se informan cada vez más, especialmente en WhatsApp e Instagram) son un terreno fértil para el rumor y la desinformación. Combatir esto con rigor y ética es fundamental.
La desinformación contribuye a un declive de la confianza del público en el periodismo tradicional, Los medios deben innovar y crear productos digitales atractivos para atraer a las audiencias más jóvenes, que consumen contenido principalmente a través de influencers y plataformas de streaming.
El periodista debe ser cada vez más integral, manejando no solo la investigación y la redacción, sino también la tecnología, el SEO, el video y la interacción en redes sociales, en medio de la presión por la inmediatez de las redes, el periodista debe mantener el compromiso con la verificación de datos, el contraste de fuentes y la contextualización.
Es vital impulsar una mayor capacitación, especialmente en el periodismo de investigación y las nuevas tecnologías.
En resumen, el periodismo panameño opera en un «panorama de contrastes»: aunque no se registran agresiones físicas graves generalizadas, la presión judicial y económica genera un ambiente de constante amenaza que obliga a los periodistas a luchar por la sostenibilidad de sus medios y la defensa del derecho a informar sin miedo.