Madonna regresa a la pista de baile: ¿Ha valido la pena esperar 21 años por Confessions II?
La reina del pop vuelve a sus raíces más puras con la secuela de su último clásico indiscutible. Un viaje nostálgico al ‘house’ de los 80 que desafía a los algoritmos actuales.
El regreso al templo del sudor y la luz de neón
En la portada de su decimoquinto álbum de estudio, Confessions II, el rostro de Madonna aparece oculto tras un velo morado. «A veces me gusta esconderme en las sombras», susurra al inicio del disco. «Crear una nueva personalidad, una identidad diferente. Puedo ser quien quiera ser».
Madonna siempre ha sido la maestra suprema de la reinvención, adelantándose durante décadas a las tendencias del pop. Por eso, una secuela directa era lo último que se esperaba de ella. Sin embargo, tras superar una grave sepsis que puso en peligro su vida, la artista ha decidido retomar su décimo álbum, el aclamado Confessions on a Dance Floor (2005), regresando a los clubes con un entusiasmo inquebrantable.
Para esta misión, ha vuelto a contar con el productor británico Stuart Price (coautor de la primera entrega y director musical de su reciente Celebration Tour). Aunque ambos se propusieron crear un álbum «igual o mejor» que el original, el resultado no llega a superar la obra maestra de 2005, pero se queda muy cerca.
Media hora impecable y un viaje autobiográfico
Los primeros 30 minutos del álbum son sencillamente impecables. Una mezcla embriagadora de hedonismo y subgraves vibrantes que arranca con la hipnótica «I Feel So Free» (al más puro estilo Donna Summer), continúa con la eufórica «Good For The Soul» y se contonea con los ritmos filtrados de «Love Sensation».
Aunque la parte central del disco decae ligeramente con temas experimentales como School o Love Without Words —donde el mensaje de «el ritmo nos libera» se vuelve algo repetitivo—, el álbum alcanza su máximo esplendor cuando se torna autobiográfico.
La joya de la corona es «Danceteria», un vibrante homenaje al club nocturno donde Madonna lanzó su carrera al convencer al DJ Michael Kamins de que pinchara la maqueta de Everybody. La canción incluye una sección de rap que emula la mítica lista de estrellas de Vogue, rindiendo honores a leyendas como Nile Rodgers y el grupo de breakdance The Rock Steady Crew.
Alianzas estratégicas y furia contra el algoritmo
El gran single del álbum es «Bring Your Love», una colaboración junto a Sabrina Carpenter que fue presentada en directo en el Festival de Coachella. La unión está más que justificada: ambas artistas han sufrido el escrutinio sexista de la opinión pública. Juntas, lanzan una declaración de intenciones rotunda: «Sé dónde están enterrados los cadáveres / No intentes callarme».
Curiosamente, con este lanzamiento Madonna da la espalda a las exigencias comerciales de la industria actual:
«Les digo: «No intenten distraerme con números», porque empecé este álbum sin pensar en las listas de éxitos ni en las reproducciones en streaming. Trabajar únicamente con algoritmos e inteligencia artificial no permite asumir riesgos, lo cual es precisamente lo contrario de hacer arte». — Madonna para Vogue Italia.
A pesar de que el sencillo debutó en un modesto puesto número 29 en el Reino Unido, esta postura representa una reevaluación esencial para la artista. Tras una década de los 2010 marcada por intentos poco convincentes de encajar en el pop contemporáneo, en Confessions II Madonna ignora las tendencias actuales (como el resurgimiento del drum and bass o el estilo de Charli XCX) para mirar hacia atrás.
Un veredicto con raíces profundas
El álbum es un homenaje al house de Chicago y Detroit de los años 80, movimientos de innovación musical y expresión LGBTQ que Madonna conoce a la perfección, incluyendo samplers de clásicos como Good Life de Inner City y French Kiss de Lil Louis.
Por su atmósfera underground y su trasfondo —donde también se respira la temática de la pérdida—, el proyecto recuerda inevitablemente a su icónico álbum Erotica (1993). Confessions II no es solo un regreso a la pista de baile; es la prueba de que, a pesar del paso del tiempo, el club sigue siendo el santuario donde Madonna es más libre.