mayo 29, 2021

Cómo el mito de las estatuas griegas blancas alimentó la falsa idea de la superioridad europea

Cuando piensas en una estatua de la Antigua Grecia, lo más probable es que la imagen que se te viene a la mente sea una escultura hecha de mármol perfectamente pulido y muy blanco. Las prendas, también blancas, cubren cuerpos blancos, a menudo rodeados de objetos esencialmente blancos.

A pesar de que esto refleja la realidad que conocemos hoy, esta imagen monocromática puede ser tan distante de la realidad histórica como la distancia que separa a Europa de América Latina.

En este reportaje te estaré explicando cómo surgió esta falsa idea, a quién servía y cómo se empezó a deconstruir el mito del hombre blanco.

Nací en Grecia, hija de padre griego y madre alemana. Como muchos, crecí pensando que las estatuas y estructuras griegas que me rodeaban eran siempre blancas, como el mármol utilizado como materia prima para su creación o , en menor medida, oscuros, cuando eran de bronce.

Y vi que esta estética “sofisticada” se repetía de las formas más diversas en todo el mundo al retratar la Antigua Grecia.

El mito de que sus estatuas eran monocromáticas, principalmente blancas, se ha ido propagando a lo largo de la historia, y terminó siendo adoptado erróneamente por quienes interpretaban la falsa ausencia de color y ornamentos como la señal de una cultura superior y más sofisticada, fruto de la superioridad de los europeos blancos.

Sin embargo, pocos saben que toda esa blancura fue el resultado de la ignorancia y la distorsión.

Del bronce al mármol

La mayoría de las estatuas griegas que se encuentran en los museos de todo el mundo están hechas de mármol. Después de todo, era una piedra ampliamente disponible en Grecia y sus alrededores y era supuestamente más fácil de trabajar para los escultores.

Pero aquí ya tenemos el primer error, la primera distorsión histórica.

Muchas de las estatuas que se incorporaban de alguna manera a estructuras más grandes, como edificios, estaban hechas de mármol. Pero la mayoría de las esculturas que no contaban con este soporte estructural fueron realizadas en bronce por ser un material más resistente.

Como el bronce es fácilmente reutilizable, quedaron pocas estatuas hechas de este metal para “contar la historia”, ya que muchas terminaron siendo recicladas, transformadas en otros objetos. Esto provocó que las estatuas de mármol blanco prevalecieran con el tiempo.

Además, la selección del material (mármol o bronce) para la producción de objetos de arte no tuvo nada que ver con el color claro original de la piedra o la oscuridad del metal. El lugar donde se colocaría la estatua fue un factor mucho más determinante a la hora de escoger el tipo de material a utilizar.

Originales y réplicas

La escultura griega alcanzó su apogeo en los siglos IV y V a.C., es decir, hace 2.500 años. Fue durante este período que famosos escultores como Fidias y Praxíteles crearon su obra, que sobrevive en la actualidad.

Quinientos años después, los romanos expandieron su imperio y dominaron el mundo mediterráneo, incluida, por supuesto, la civilización griega.

Los romanos admiraban la cultura y el arte de Grecia, y crearon su estética a imagen y semejanza de la de los griegos. Por lo tanto, la demanda de copias de estatuas griegas fue enorme en el Imperio Romano. Se convirtieron en objeto de deseo para decorar casas de la élite romana, plazas públicas e incluso los famosos baños romanos.

En el proceso de reproducción de las estatuas griegas, muchas originalmente hechas de bronce, los escultores terminaron creando réplicas de mármol.

Estas réplicas con material diferente al original se caracterizan por tener barras de soporte, que generalmente se disimulan como troncos de árboles, columnas al estilo clásico o mantos.

El mármol no tiene la misma resistencia que el bronce y hay que “echarle una mano” para mantenerlo en pie.

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